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¿Existe Vida Inteligente en el Espacio Exterior?
por Bert Thompson, Ph.D.
[English]
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INTRODUCCIÓN

Existe poca duda que la posibilidad de que exista vida inteligente en el espacio exterior ha intrigado a los científicos evolucionistas por generaciones. Tome casi cualquier libro de texto de evolución, y encontrará una referencia a, un breve tratado de, o un capítulo entero sobre la vida extraterrestre.

Muchos años atrás, Carl Sagan, el fallecido astrónomo de la Universidad de Cornell, recaudó fondos privados para un radiotelescopio que investigaría los cielos diariamente por un mensaje que llegara de seres extraterrestres. La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) pidió a Sagan y Frank Drake que diseñaran una comunicación interestelar proyectada específicamente a lo extraterrestre, con la esperanza de darles a conocer que estamos aquí. Por consiguiente, se sujetaron placas doradas idénticas a las sondas espaciales Pioneer 10 y Pioneer 11 de la NASA (1973), las cuales fueron grabadas con mensajes pictóricos enviados a través de los años luz para explicar la civilización de la Tierra. Desde ese tiempo, han sido hechos otros intentos diversos para aceptar comunicaciones de los supuestos extraterrestres o para comunicarse con ellos.

¿POR QUÉ EXISTE INTERÉS EN LA VIDA EXTRATERRESTRE?

Uno puede preguntar: “¿Por qué existe tanto interés en la posibilidad de que exista vida inteligente en el espacio exterior?”. Aquí hay algunas respuestas para tal pregunta.

Primero, existen algunos que creen firmemente en la existencia de vida inteligente extraterrestre porque están convencidos de que, si la vida evolucionó aquí, no solamente podría evolucionar en otra parte, sino tendría que hacerlo. El Dr. Sagan es sólo un ejemplo de los evolucionistas que siguen esta línea de razonamiento. En una entrevista en la edición del 17 de enero de 1980 de la revista New Scientist, Sagan declaró los puntos siguientes:

1. Existe algo como 1022 de estrellas en el universo, y cerca de una en un millón de estas estrellas es una estrella enana amarilla como nuestro Sol; esto significa que existe cerca de 1016 de estrellas como el Sol en el universo.

2. Entonces una en un millón de estas estrellas como el Sol probablemente tiene un sistema planetario parecido al sistema de nuestro Sol. Por consiguiente existe cerca de 1010 de sistemas planetarios en el universo.

3. Uno en un millón de estos sistemas planetarios debe tener un planeta similar a la Tierra, y la vida debiera haber evolucionado sobre estos planetas de la misma manera en que ha evolucionado aquí en la Tierra. Por consiguiente, por lo menos existen 10,000 planetas en el universo que tienen vida en ellos (1980).

Paul Davies, el renombrado físico y cosmólogo australiano, afirmó en su libro, Other Worlds (Otros Mundos):

Nuestra galaxia, la Vía Láctea, contiene cerca de 100 billones de estrellas agrupadas juntas en una concurrencia espiral-gigante típica de los billones de otras galaxias dispersadas a través del universo. Esto significa que no existe nada muy especial acerca de la Tierra, entonces es probable que tampoco la vida sea un fenómeno remarcable. ...sería sorprendente si la vida no estuviera extendida a través de los cosmos, aunque ésta puede ser algo escasa (1980, p. 151).

Don Fred Hoyle se unió a tales pensadores. En su libro, Lifecloud (Nube de Vida), escribió: “Con tantos sistemas planetarios posibles, ¿no deberíamos esperar planetas habitados rodeando alguna estrella cercana? Con seguridad deberíamos...” (1978, pp. 145-146). Entonces, es evidente que algunos evolucionistas creen que existe vida inteligente en otros planetas simplemente porque la evolución debe funcionar así.

Segundo, existen algunos que creen que la vida será encontrada en el espacio exterior porque ésta simplemente no pudo haber “solo ocurrido” aquí en la Tierra. Sin embargo, lejos de invocar a un Creador, su punto es simplemente que la evidencia disponible indica que la vida es demasiada compleja como para haber ocurrido aquí en la Tierra por procesos puramente naturales. Entonces, la vida debe haber evolucionado en alguna parte del espacio exterior y después debe haber sido plantada aquí. Esta es la posición de Don Francis Crick, en su volumen, Life Itself (La Vida Misma):

Si una secuencia particular del aminoácido fuera elegida al azar, ¿cuán raro sería este evento?... Suponga que la cadena es alrededor de doscientos aminoácidos de largo; esto es, en todo caso, mucho menos que el tamaño promedio de todos los tipos de proteínas. Ya que solamente tenemos veinte posibilidades en cada lugar, el número de posibilidades es veinte multiplicado por sí mismo algunas doscientas veces. Esto es aproximadamente equivalente a...un uno seguido de 260 ceros.... La gran mayoría de las secuencias jamás pueden haber sido sintetizadas en absoluto, en ningún momento (1981, p. 51).

El Dr. Crick después hizo esta confesión fascinante: “Un hombre honesto, armado con todo el conocimiento disponible hoy en día para nosotros, sólo podría afirmar que en algún sentido, en este momento el origen de la vida parece ser casi un milagro, ya que son muchas las condiciones que tendrían que ser satisfechas para comenzarla” (p. 88, énfasis añadido). Pero, aunque reconoció la imposibilidad de la formación accidental de vida aquí en la Tierra, rehusó aceptar la idea de un Creador inteligente, y en cambio optó por lo que es conocido como la “panspermia dirigida”—el concepto de que la vida fue “plantada” en la Tierra por seres inteligentes de alguna parte del espacio exterior.

El Dr. Crick no está sólo en tal punto de vista. En su libro, Life from Space (Vida del Espacio), Hoyle tomó esencialmente la misma posición. Abordando sus razones para hacerlo, escribió:

La probabilidad de formación de vida de una materia inanimada es una en un número seguido por 40,000 ceros.... Esto es suficientemente grande como para enterrar a Darwin y a la teoría de la evolución completa. No existió una sopa primitiva, no en este planeta ni en ningún otro, y si los comienzos de la vida no fueron al azar, por consiguiente deberían haber sido el producto de inteligencia deliberada (1981, 294:148).

El Dr. Hoyle optó por una clase de inteligencia panteística que creó las esporas de vida en otras partes del Universo, llegando estas esporas finalmente a la Tierra para comenzar la vida como la conocemos. A causa de la complejidad tremenda (e impresionante) de la vida—y el diseño obvio detrás de ésta—otros científicos han optado también por este punto de vista. Leslie Orgel, uno de los pesos-pesados en los experimentos evolutivos del origen-de-la-vida, ha declarado públicamente que propugna esta posición (1982, pp. 149-152).

Tercero, existen, sin duda, algunos evolucionistas que están decididos a creer en alguna forma de vida extraterrestre inteligente porque están convencidos que esto, de alguna manera, anulará la creación. Por ejemplo, en su libro Signs of Life (Signos de Vida), Ian Ridpath sugirió: “Las religiones que sostienen que Dios hizo al hombre a Su propia imagen podrían ser muy afectadas si encontráramos otra raza inteligente hecha a una imagen diferente” (1975, p. 13). Jonathan Leonard también ha mostrado su desdén para el concepto de la creación en su ensayo clásico, Other-Worldly Life (Vida de Otro-Mundo):

Los científicos señalan que no existe nada milagroso ni irrepetible concerniente a la aparición de vida en la Tierra. Creen que ocurriría otra vez, dado el mismo tiempo suficiente y la misma serie de circunstancias. Esto aún ocurriría bajo circunstancias muy diferentes. No hay ninguna razón para creer que las condiciones en la atmósfera y los mares de la Tierra primitiva fueron modificadas por algún poder externo para hacerlas favorables para el desarrollo de la vida. Esto solamente pasó de esta manera, y es probable que la vida apareciera incluso si las condiciones serían considerablemente diferentes (1984, pp. 186-187).

Tales escritores creen que si la vida extraterrestre fuera descubierta, de alguna manera se “desmentiría” la existencia de un Creador.

UNA CRÍTICA

¿Qué respuesta debería ofrecer el creacionista a estas varias posiciones evolutivas sobre la existencia de vida inteligente en el espacio exterior?

Primero, vamos a denotar que cualquier reclamación hecha acerca de la existencia de vida en el espacio exterior es solamente eso—una reclamación—y nada más. En sus momentos más sinceros, incluso los evolucionistas admiten eso. Michael Rowan-Robinson de la Universidad de Londres una vez comentó:

Del movimiento casi imperceptible de las estrellas cercanas podemos deducir que tienen compañeros pequeños, aunque las masas de estos compañeros deducidas de esta manera son, con una excepción, una o dos por ciento de la masa de nuestro Sol, la cual es 10-20 veces más grande que la masa de Júpiter. De hecho, tales objetos pueden ser estrellas diminutas en vez de planetas porque pueden estar experimentando reacciones nucleares en su centro. Esta excepción es la estrella de Barnard, la siguiente estrella más cercana al Sol después del sistema Centauri, cinco años luz de aquí. Se ha afirmado que esta estrella tiene uno o dos compañeros de casi la misma masa de Júpiter. Esto todavía es un asunto controversial entre los astrónomos. Decir que existen en el Universo otros planetas como la Tierra es un acto de fe, basado sin embargo sobre argumentos probabilistas sin fundamento (1980, p. 325, énfasis añadido).

Freeman Dyson, en su texto clásico, Disturbing the Universe (Perturbando el Universo), escribió elocuentemente sobre este punto:

Mucha gente interesada en buscar inteligencia extraterrestre ha llegado a creer en una doctrina que llamo el Dogma del Discurso Filosófico, sosteniendo como un artículo de fe que el universo está lleno de sociedades dedicadas al discurso filosófico de largo alcance. El Dogma del Discurso Filosófico afirma las siguientes verdades como auto-evidentes:

1. La vida es abundante en el universo.

2. Una fracción significativa de los planetas donde existe vida da origen a especies inteligentes.

3. Una fracción significativa de especies inteligentes transmite mensajes para nuestra explicación.

Si estas afirmaciones son aceptadas, entonces tiene sentido concentrar nuestros esfuerzos en la búsqueda de radio mensajes e ignorar otra manera de buscar evidencia de inteligencia en el universo. Pero para mí el Dogma del Discurso Filosófico está lejos de ser auto-evidente. Hasta ahora no existe evidencia a favor o en contra de esto (1979, p. 207, énfasis añadido).

Estos dos evolucionistas tienen un punto bueno. No existe evidencia para las afirmaciones grandiosas concernientes a “planetas habitables”.

Segundo, nótese que las afirmaciones dadas a menudo son evidentemente contradictorias. Por ejemplo, considere lo siguiente. G.E. Tauber, en su trabajo, Man´s View of the Universe (La Perspectiva del Hombre del Universo), ha sugerido que existe “casi un billón de candidatos posibles solamente en la galaxia” donde podría existir vida inteligente (1979, p. 339). Nótese que existe un billón de planetas solamente en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Pero considere también este cálculo por Don Fred Hoyle:

De las doscientas billones de estrellas aproximadamente en nuestra galaxia, cerca del ochenta por ciento fallan en cumplir las condiciones discutidas anteriormente que son necesarias para la vida. El veinte por ciento restante no está en los sistemas múltiples de estrellas y tiene masas dentro de los límites apropiados, tres cuartos a uno y medio de veces la masa del Sol. El total de sistemas planetarios en la galaxia capaz de sostener la vida es, por consiguiente, cerca de cuarenta billones (1978, p.145).

Note que estos dos hombres están tratando el mismo asunto—los planetas potencialmente habitables en la misma galaxia (la Vía Láctea). Aunque uno dice que el número es un billón, mientras que el otro dice cuarenta billones. Y ¡sus libros fueron publicados un año aparte del otro! Mark Twain, estuvo del todo en lo correcto cuando dijo en Life on the Mississippi (Vida en el Mississippi): “Existe algo fascinante de la ciencia. Uno consigue tal devolución total de conjetura de tal inversión insignificante de hechos” (1883, p. 156). ¿Cómo podríamos aceptar los datos cuando son tan diferentes?

Tercero, aquellos que desean convencernos de una “panspermia dirigida” por medio de alguna inteligencia en el espacio exterior aparentemente han fallado en comprender que no han abordado el asunto a la mano; solamente lo han llevado a un planeta diferente. Los creacionistas no son los únicos que reconocen esto como un problema. Fox y Dose, dos evolucionistas prominentes en la investigación del origen-de-la-vida, comentaron: “Otro criticismo que ha sido expresado es que el trasladar el origen de la vida hasta un sitio extraterrestre también traslada el problema a ese lugar. El lugar puede ser estirado a tal distancia solamente por la interpretación más general que invoca a los precursores químicos orgánicos” (1977, p. 324). Entonces, surge la pregunta: “¿Evolucionó la vida inteligente que supuestamente dirigió la panspermia, o fue creada? Y regresamos otra vez justo dónde comenzamos. El hecho de que exista o no vida inteligente en el espacio exterior no contesta la pregunta básica de dónde esa vida, o la vida en la Tierra, se originaron.

Cuarto, no existe evidencia en absoluto de vida inteligente en otros planetas. Theodosius Dobzhansky y sus coautores escribieron en su texto Evolution (Evolución): “El asunto de la vida extraterrestre, la exobiología, es un campo curioso de la ciencia, ya que el tema nunca ha sido observado y posiblemente no exista” (1977, p. 366, énfasis añadido). Como las citas siguientes indican claramente, los científicos no tienen otra opción sino admitir este hecho.

(1) Robert Naeye, escribiendo en la edición de julio de 1996 de la revista Astronomy bajo el título “OK, Where Are They?” (“OK, ¿Dónde Están Ellos?”), comentó:

Si uno escoge rechazar la especulación y seguir solamente con la observación, uno puede hacer la misma pregunta que el físico Enrico Fermi ganador del Nobel hizo en 1950: Si la Galaxia está llena de vida inteligente, ¿dónde están ellos? La realidad soberana es que no existe evidencia observada en absoluto de la existencia de otros seres inteligentes en algún lugar del universo.

[...]parece prudente concluir que estamos solos en el vasto mar de los cosmos, que en un sentido importante, nosotros mismos somos especiales por que vamos en contra de los principios copernicanos. Si es así, la humanidad representa la materia y la energía evolucionadas hasta su nivel más alto; por lo cual una parte diminuta del universo en una roca pequeña que orbita una estrella regular en las afueras de una galaxia espiral ordinaria ha llegado a un estado de conciencia que puede considerar las cuestiones de cómo comenzaron el universo y la vida misma, y qué significa todo esto (24:42-43).

(2) Robert Jastrow, director del Observatorio de Mount Wilson, escribió una crítica de The Biological Universe (El Universo Biológico) por Steven J. Dick (Prensa de la Universidad de Cambridge, 1996, 578 pp.) para la edición de enero de 1997 de la revista Sky and Telescope. En esta crítica, anotó: “Todos estos números son tan pequeños que, incluso cuando son multiplicados por el vasto número de planetas probablemente presentes en el universo, nos obligan a concluir que la Tierra debe ser el único planeta que sostiene vida” (pp. 62-63).

(3) Seth Shostak, escribiendo bajo el título de “When E.T. calls” (“Cuando E.T. llame”) en la edición de septiembre de 1997 de la revista Astronomy, sugirió:

Esto es el Proyecto Phoenix, la búsqueda más completa alguna vez emprendida de un grupo inteligente entre las estrellas. Organizado por el Instituto SETI de Mountain View, California, este es un programa fundado privadamente y descendiente de un ex-programa de la NASA. Aquí, en el telescopio de ciento cuarenta pies del Observatorio Nacional de Radioastronomía en Green Bank, los científicos del Proyecto Phoenix están inspeccionando sistemáticamente mil estrellas cercanas como el sol por una señal débil que demuestre habitación inteligente. Hasta ahora, no han encontrado nada—ni un simple pío extraterrestre (25:37).

(4) En el año 2001, Michael Shermer, editor de la revista Skeptic, escribió en su libro, The Borderlands of Science (Las Áreas Fronterizas de la Ciencia): “En tres décadas [Carl] Sagan cambió la teoría [de la existencia de vida extraterrestre] de herejía hasta ortodoxia, aunque todavía no existe pizca de evidencia concreta de ninguna vida, simple o compleja, inteligente o no, en ningún lugar más allá de la Tierra” (2001, p. 217, énfasis añadido).

LA BIBLIA Y LA VIDA EXTRATERRESTRE

Algunos preguntarán si la Biblia dice algo acerca de este asunto. El estudiante sagaz de la Biblia está consciente del silencio de las Escrituras sobre este asunto en particular. El registro bíblico no afirma la existencia de vida extraterrestre. [NOTA: La palabra “extraterrestre” es usada aquí para denotar seres con composiciones físicas, en contraposición a los seres espirituales como los ángeles.]

Sin embargo, la Biblia hace muchas afirmaciones positivas concernientes a la Tierra y el Universo. Y en estas afirmaciones, es claro que a la Tierra le fue dado un rol importante. Por ejemplo, el salmista afirmó que “Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres” (116:15). Evidentemente la Tierra fue creada únicamente para la humanidad. Las afirmaciones hechas por el apóstol Pablo en Hechos 17:24-26 repiten el mismo sentimiento. Es interesante notar que las muchas entidades celestiales—la Luna, el Sol, y las estrellas—son mencionadas en la Escritura, e incluso son mencionadas como teniendo un propósito definitivo. Específicamente, se dice que el Sol y la Luna son útiles para marcar los días, años y estaciones (Génesis 1:14). Y, se nos informa que “una estrella es diferente de otra en gloria” (1 Corintios 15:41). Pero ninguna entidad celestial, salvo la Tierra, es descrita en la Escritura como un “lugar de habitación”.

Además, la Tierra es única por el hecho de que las actividades de Cristo son descritas como habiendo ocurrido en este planeta. Fue en la Tierra que la Divinidad llegó a ser encarnada a través de Cristo (vid. Juan 1:1 et.seq.). Fue en la Tierra que Cristo murió por los pecados del hombre (Hebreos 2:9). Fue en la Tierra que Su resurrección ocurrió (1 Corintios 15), y de la Tierra ascendió a Su Padre en el Cielo (Hechos 1:9,10; Efesios 4:8-10).

También, en vista de esto, hay otro aspecto que debe ser considerado. La Biblia afirma claramente que “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Desde luego, el amor permite el libre albedrío, y las Escrituras clarifican que Dios hace exactamente esto (cf. Josué 24:15; Juan 5:39,40). Ya que Dios es el Creador del Universo (Génesis 1:1 et.seq.), y ya que Él asimismo no hace acepción de personas (Hechos 10:34), si Él hubiera creado otras vidas inteligentes, Su naturaleza amorosa requiriera que el libre albedrío sea dado a tales formas de vida. También resulta que, ya que Dios es amoroso, Él ofrecería instrucción a tales seres inteligentes—justamente como lo ha hecho para con el hombre—concerniente al uso apropiado del libre albedrío. Sin embargo, las criaturas que poseen libre albedrío no son perfectas; cometen errores. Tales errores (violaciones de las instrucciones de Dios) requieren que la justicia sea administrada, ya que Dios no es solamente amoroso, sino justo. Ya que Dios es misericordioso, instituye una manera para que aquellos que están separados de Él—como resultado de sus propios errores—puedan regresar. Sin embargo, las Escrituras enseñan que solamente hay una manera de ser justificado ante Dios, y esa es a través de Su Hijo (Juan 14:6). [NOTA: A las huestes angélicas, aunque por cierto poseen libre albedrío, no les fue dada esta oportunidad, aparentemente por causa de su naturaleza completamente espiritual (i.e. no-física), y debido al hecho de que los ángeles habían experimentado la gloria de Dios de primera mano cuando estaban en Su presencia. Por consiguiente, no tenían excusa en su rebelión contra Su autoridad (Hebreos 2:16)].

Las Escrituras también hablan de otro punto importante. El escritor de Hebreos afirmó que Cristo murió “una vez para siempre” (7:27; 9:28). Las redacciones en el lenguaje original son explicitas, significando que la muerte de Cristo fue un evento de una-vez-por-todas que nunca será repetido. Las criaturas que poseen libre albedrío cometen errores al intentar obedecer la voluntad de Dios. El perdón de estos errores viene solamente a través de Cristo (Juan 14:6). Ya que Cristo murió solamente una vez (Hebreos 7:27), parece ser una violación a las Escrituras el sugerir que Cristo de alguna manera tenga que ir “saltando planetas” para morir una y otra vez como la propiciación de las infracciones contra el plan de Dios cometidas por criaturas (que poseen libre albedrío) en otras partes de nuestro vasto Universo. Estos principios bíblicos no deben ser pasados por alto en cualquier discusión acerca de la existencia de vida extraterrestre.

CONCLUSIÓN

La única conclusión que puede ser hecha ahora es que la ciencia no ha producido evidencia creíble para la vida inteligente en el espacio exterior. Muchas especulaciones y opiniones han sido ofrecidas, pero falta la evidencia empírica para la existencia de vida extraterrestre. Una sugerencia buena puede ser por consiguiente que usemos nuestro tiempo en búsquedas más importantes.

REFERENCIAS

Crick, Francis (1981), Life Itself (New York: Simon & Schuster).

Dobzhansky, Theodosius, F.J. Ayala, G.L. Stebbins, and J.W. Valentine (1977), Evolution (San Francisco: W.H. Freeman).

Dyson, Freeman (1979), Disturbing the Universe (New York: Harper & Row).

Fox, Sidney and Klaus Dose (1977), Molecular Evolution and the Origin of Life (New York: Marcel Dekker).

Hoyle, Fred (1978), Lifecloud (New York: Harper & Row).

Hoyle, Fred (1981), “Hoyle on Evolution,” Nature, 294:148, November 12.

Jastrow, Robert (1997), “What are the Chances for Life?” [review of The Biological Universe, by Steven J. Dick, Cambridge University Press, 1996, 578 pp.], Sky and Telescope, pp. 62-63, June.

Leonard, Jonathan N. (1984), “Other-Worldly Life,” The Sacred Beetle, ed. Martin Gardner (Buffalo, NY: Prometheus; essay originally published in 1953).

Naeye, Robert (1996), “OK, Where Are They?,” Astronomy, 24:42-43, July.

Orgel, Leslie (1982), New Scientist, April 15.

Ridpath, Ian (1975), Signs of Life (New York: Penguin).

Rowan-Robinson, Michael (1980), New Scientist, January 31.

Sagan, Carl (1980), New Scientist, January 17.

Shermer, Michael (2001), The Borderlands of Science (Oxford, England: Oxford University Press).

Shostak, Seth (1997), “When E.T. Calls Us,” Astronomy, 25:37, September.

Tauber, G.E. (1979), Man’s View of the Universe (New York: Crown).

Twain, Mark (1883), Life on the Mississippi, Boston, MA: Gambit).



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