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La Biblia y las Leyes de la Ciencia: La Ley de la Biogénesis
por Bert Thompson, Ph.D.
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INTRODUCCIÓN

¿Quién de entre nosotros negaría el impacto que la ciencia ha tenido en nuestro planeta? Nosotros vivimos en un mundo que es mucho mejor de lo que sería, si no fuera por las numerosas contribuciones de los científicos a través de los años. Las generaciones del pasado se han beneficiado de, y hoy en día nosotros continuamos beneficiándonos de, los frutos de sus labores. Todo lo que se necesita para entender el agradecimiento que debemos a la ciencia, y a los científicos, es contemplar el mundo alrededor nuestro. Ambos han sido benefactores benévolos para la humanidad. La viruela ha sido erradicada. El hombre ha caminado sobre la Luna. Las comunicaciones han mejorado drásticamente. El periodo de vida se ha incrementado. En efecto, miles de beneficios similares podrían ser nombrados que establecen nuestra deuda a los científicos de tanto el pasado como el presente.

La “ciencia”, anotó Harris Rall, “aboga por una manera de estudio, y una actitud de la mente. Dejar las teorías y prejuicios a un lado, traer una mente abierta e inquirir solamente por la verdad, estudiar los hechos concretos con paciencia continua, tratar de encontrar un orden de comportamiento en el mundo, como indicados por estos factores, probar estas conclusiones por el experimento y más hechos—es el espíritu y método de la ciencia” (1936, p. 66). El Diccionario Oxford define a la ciencia como:

Una rama de estudio que está concernida a un conjunto conectado de verdades demostradas o factores observados sistemáticamente clasificados y más o menos reunidos y traídos bajos leyes generales, y la cual incluye métodos fidedignos para el descubrimiento de la nueva verdad dentro de su propio dominio.

La “ciencia”, dijo Margaret Balcom, “es principalmente un método para tratar con la materia (objetos) en acción a través de (1) la observación y experimentación, (2) el análisis, (3) la derivación de una ley física (un concepto), (4) la predicción en términos de esa ley. La ciencia está concernida a un sistema dado físico ya en operación” (1967, p. 592).

Uno aplica el método científico al observar los fenómenos naturales y luego al formular una generalización (una hipótesis científica) basada sobre la observación. Por su parte, esta generalización luego guía a las predicciones. A través de la experimentación, la hipótesis es probada para determinar si los resultados pronosticados sí, efectivamente, ocurren. Si las predicciones se prueban verdaderas, la hipótesis es considerada como verificada. Después de la confirmación repetida, la hipótesis obtiene el estatus de una teoría, y, si pasa las pruebas continuas a través del tiempo, se gradúa al estatus de una ley. El diagrama demuestra este procedimiento.

David Hull, el renombrado filósofo de ciencia, anotó en su texto, Philosophy of Biological Science (Filosofía de la Ciencia Biológica), que las “leyes científicas son consideradas como aquellas que reflejan regularidades reales en la naturaleza” (1974, p. 3, énfasis añadido). En otras palabras, hasta donde sabemos, no existen excepciones para las leyes científicas. Cualquier ley científica que, durante la prueba experimental, no continuaría calzando con los hechos descritos en la ley, perdería su posición elevada y sería relegada una vez más al estatus de la teoría. Las leyes no conocen excepciones.

LA LEY DE LA BIOGÉNESIS

En el campo de la biología, una de las leyes de la ciencia más comúnmente aceptada es la ley de la biogénesis. Esta ley fue establecida muchos años atrás para dictar lo que tanto la teoría y la evidencia experimental demostraban que era verdadero entre los organismos vivientes—que la vida viene solamente de la vida precedente y se perpetúa a sí misma al producir solamente su propio género y clase. Como David Kirk correctamente declaró:

Para el final del siglo diecinueve había acuerdo general de que la vida no puede surgir de lo no-viviente bajo condiciones que ahora existen sobre nuestro planeta. La máxima “Toda vida viene de la vida preexistente” llegó a ser el dogma de la biología moderna, del cual no se podría esperar de ningún hombre razonable el discreparlo (1975, p. 7).

Los experimentos que formaron la base de esta ley fueron llevados a cabo inicialmente por Francesco Redi (1688) y Lazarro Spallanzani (1799) en Italia, Louis Pasteur (1860) en Francia, y Rudolph Virchow (1858) en Alemania. Fue Virchow quien documentó que las células no surgen de la materia amorfa, sino vienen solamente de células preexistentes. La Enciclopedia Británica declaró concerniente a Virchow que “Su aforismo ‘omnis cellula e cellula’ (toda célula surge de una célula preexistente) está con el ‘omne vivum e vivo’ (toda cosa viviente surge de una cosa viva preexistente) de Pasteur entre las generalizaciones más revolucionarias de la biología” (1973, p. 35).

A través de los años, miles de científicos en varias disciplinas han establecido la ley de la biogénesis como exactamente eso—una ley científica que declara que la vida viene solamente de la vida preexistente de su género. Interesantemente, la ley de la biogénesis fue establecida firmemente en la ciencia mucho antes de la estratagema de las teorías evolutivas modernas. Es también de interés el hecho de que los estudiantes consistentemente son enseñados en la escuela secundaria y las clases de biología de la universidad el impacto, por ejemplo, del trabajo de Pasteur sobre el concepto falso de la generación espontánea (la idea de que la vida surge por sí misma de antecedentes no-vivientes). Se le da a los estudiantes, en gran detalle, el escenario histórico de cómo Pasteur triunfó sobre la “mitología”, y proveyó a la ciencia con “su hora cumbre”, cuando desacreditaba el concepto popular de la generación espontánea. Luego, con casi el mismo aliento, los estudiantes son informados por su profesor de cómo la evolución comenzó como resultado de la generación espontánea. El ganador del premio Nobel George Wald comentó sobre esta discrepancia como sigue:

En cuanto a la generación espontánea, ésta continuó encontrando aceptación hasta que finalmente se deshizo del trabajo de Louis Pasteur—es algo curioso que hasta muy recientemente los profesores de biología habitualmente contaban esta historia a sus alumnos como parte de sus introducciones a la biología. Ellos terminarían este relato entusiastamente con la convicción de que ellos habían dado una demostración contundente del derrocamiento de la noción mística por la experimentación científica pura. Sus estudiantes estaban usualmente tan perplejos a tal punto de olvidar preguntar al profesor cómo él explica el origen de la vida. Esto sería una pregunta vergonzosa, ya que existen solamente dos posibilidades: O la vida surgió por la generación espontánea, lo que el profesor había justo refutado; o ésta surgió por la creación sobrenatural, lo cual él probablemente considerara como anti-científica (1972, p. 187).

Los estudiantes a menudo fallan en preguntar a sus profesores cómo—si la generación espontánea ha sido desacreditada—la evolución pudo haber comenzado en primer lugar. Aunque el punto no ha sido pasado por alto por los evolucionistas, quienes confiesan tener dificultad con el problema planteado por la ley de la biogénesis. Simpson y Beck, en su texto de biología, Life: An Introduction to Biology (Vida: Una Introducción a la Biología), declararon: “No existe duda seria de que la biogénesis es una regla, que la vida viene solamente de otra vida, que una célula, la unidad de la vida, es siempre y exclusivamente el producto o descendencia de otra célula” (1965, p. 144, énfasis añadido). Martin A. Moe, escribiendo en Science Digest, declaró el asunto claramente cuando escribió:

Un siglo de descubrimientos sensacionales en las ciencias biológicas nos ha enseñado que la vida surge solamente de la vida, que el núcleo gobierna la célula a través de los mecanismos moleculares del ácido desoxirribonucleiclo (ADN) y que la cantidad de ADN en su estructura determina no solamente la naturaleza de las especies sino también las características de los individuos (1981,89[4]:36, énfasis añadido).

No obstante, en años recientes algunos evolucionistas han sugerido que lo que es referido comúnmente como la ley de la biogénesis no es una “ley” en absoluto, sino solamente un “principio”, “teoría”, o “dictamen”. Esta nueva nomenclatura está siendo sugerida por los evolucionistas, no porque hayan sido descubiertas contradicciones o excepciones a la ley, sino porque ellos han llegado a la realización cruda de las implicaciones de la ley de la biogénesis. Es interesante notar que en los textos de ciencia del siglo diecinueve, se hablaba de la biogénesis como una ley. Pero últimamente, ese término ha sido reemplazado por nuevos términos que están intencionados a “atenuar” la fuerza de la biogénesis sobre los conceptos evolutivos. No obstante, una rosa, con cualquier otro nombre, es todavía una rosa. Y no puede haber duda de que la biogénesis muy ciertamente refleja (para citar al Dr. Hull) “una regularidad real en la naturaleza”—especialmente a la luz del hecho que ¡nunca ha habido un simple caso documentado de generación espontánea! Aún así, los evolucionistas del tiempo moderno prefieren usar un término diferente cuando hablan de la biogénesis. Un diccionario de biología bien-conocido, bajo el encabezado de “Biogenesis, Principle of” (“Biogénesis, Principio de”), declaró que la biogénesis es: “La regla biológica de que una cosa viva puede originarse solamente de un padre o padres en general similares a sí misma. Ésta niega la generación espontánea” (Abercrombie, et.al., 1961, p. 33). Otros han seguido su ejemplo. Simpson y Beck, en su texto citado anteriormente, escribieron: “Nosotros tomamos la biogénesis como un principio fundamental de reproducción de la evidencia experimental y también de las consideraciones teóricas” (1965, p. 144, énfasis añadido). R.L. Wysong, en su libro, The Creation-Evolution Controversy (La Controversia Creación-Evolución), comentaron:

El creacionista es rápido en recordar a los evolucionistas que la biopoiesis y la evolución describen eventos que permanecen en contradicción cruda y abierta a una ley establecida. La ley de la biogénesis dice que la vida surge solamente de la vida preexistente, la biopoiesis dice que la vida aparece de los químicos inanimados; la evolución declara que las formas de vida dan surgimiento a nuevas formas de vida, mejoradas y diferentes; la ley de la biogénesis dice que los géneros solamente reproducen su propio género. Los evolucionistas no son ajenos a esta ley. Ellos simplemente la cuestionan. Ellos dicen que la generación espontánea fue desaprobada bajo las condiciones de los modelos de experimentación de Pasteur, Redi, y Spallanzani. Ésta, ellos sostienen, no impide la formación de vida espontánea bajo diferentes condiciones. A esto, los creacionistas responden que incluso dada las condiciones artificiales y la manipulación inteligente de los experimentos de la biopoiesis, la vida todavía no se ha “generado espontáneamente...” Hasta el tiempo en que se observe a la vida generándose espontáneamente, los creacionistas insisten que ¡la ley de la biogénesis permanece!... ¿Cómo puede la biogénesis ser calificada como algo menos que una ley? (1976, pp. 182-185).

Moore y Slusher, en su texto, Biology: A Search for Order in Complexity (Biología: Una Búsqueda de Orden en la Complejidad), observaron: “Históricamente el punto de vista de que la vida viene solamente de la vida ha sido tan bien establecida a través de los hechos revelados por el experimento tanto que éste es llamado la ley de la biogénesis”. En una nota al pie de página, los autores declararon adicionalmente: “Algunos filósofos llaman a ésta un principio en vez de una ley, pero esto es un asunto de definición, y las definiciones son arbitrarias. Algunos científicos llaman a ésta una súperley, o ley por encima de las leyes. Sin considerar la terminología, la biogénesis tiene el rango más alto en estos niveles de generalización” (1974, p. 74, énfasis en original). En efecto, la biogénesis sí tiene el rango más alto en estos niveles de la generalización. Como el Dr. Kirk (citado anteriormente) notó que, el dictamen “llegó a ser el dogma de la biología moderna, del cual no se esperaría de ningún hombre razonable el discreparlo”.

Además, es de interés consultar varios diccionarios científicos por la definición de la palabra “principio” que es usada tan a menudo en la controversia actual. El Diccionario de Términos Científicos y Técnicos McGrawHill, un trabajo estándar, define el principio como: “una ley científica que es altamente general o fundamental, y de la cual otras leyes son derivadas” (1978, p. 1268, énfasis añadido). Entonces, poco sorprende que algunos científicos llamen a la biogénesis una súperley, ya que, en un sentido, otras leyes son derivadas de ésta (las leyes de la genética mendeliana nunca podrían operar sin que el “principio” de la biogénesis sea verdadero). Si un principio es definido como una ley, y se habla de la biogénesis como un “principio”, entonces ¿qué más podemos decir? Como el mismo Kirk ha anotado: “Los paradigmas más extensamente abarcadores—aquellos de los cuales los bloques más grandes y más diversos de la información científica pueden ser contados en modo ordenado—son algunas veces llamados ‘principios’ de la biología” (1975, p. 14).

En otros campos de la ciencia a parte de la biología, no es inusual oír a los científicos hablar de leyes establecidas y reconocidas como “principios”. A menudo la referencia es hecha a los “principios” de la termodinámica o el “principio” de la gravedad, en vez de las “leyes” de la termodinámica o la “ley” de gravedad. Aunque nadie cuestiona estas leyes básicas y fundamentales de la ciencia. Incluso en la biología nosotros empleamos tal terminología (e.g., nosotros hablamos de los “principios” de la genética mendeliana), sin tener a nadie que cuestione la naturaleza básica de las leyes de la ciencia que están bajo discusión.

Entonces, ¿por qué se nos dice que, concerniente a la biogénesis, la palabra “ley” no se aplica más? Esta se aplicó en el siglo diecinueve. ¿Ha sido desaprobada? Por el contrario, cada parte de la evidencia científica todavía sostiene el concepto básico de que la vida surge solamente de la vida preexistente. ¿No es nunca más la biogénesis una “regularidad real en la naturaleza”? Por el contrario, cada parte de información científica que poseemos muestra que ésta es, de hecho, exactamente eso—una regularidad real en la naturaleza (el enunciado de Simpson fue que “no existe duda seria de que la biogénesis es la regla de que la vida viene solamente de otra vida”). ¿Ha cesado la biogénesis de algún modo de ser reproducible experimentalmente? De ninguna manera. Entonces, ¿por qué desean los evolucionistas que nosotros nos abstengamos de llamar a la biogénesis una ley?

La respuesta es obvia. Si la biogénesis es aceptada como una ley—i.e., una regularidad real en la naturaleza—¿cómo podría alguna vez la evolución haber empezado? La biogénesis (la ley de la biogénesis) representaría la deshiladura completa de la teoría evolutiva desde abajo hacia arriba. Entonces, sorprende poco que algunos evolucionistas del tiempo moderno hayan intentado desgastar el diccionario para surgir con otra palabra (“regla”, “principio”, “dictamen”, etc.) a parte de ley para atacar a la biogénesis. A pesar de sus esfuerzos, y los éxitos y fallas con las cuales esos esfuerzos finalmente se encontraron, nosotros sabemos que el “dogma de la biología moderna, del cual no se esperaría de ningún hombre razonable el discreparlo”, es todavía la biogénesis. J.W.N. Sullivan, científico brillante de una generación atrás, escribió estas palabras, las cuales son tan aplicables hoy como cuando él primero las escribió.

El comienzo del proceso evolutivo origina una pregunta que es todavía incontestable. ¿Cuál fue el origen de la vida en este planeta? Hasta tiempos muy recientes había una creencia bastante general en la sucesión de la “generación espontánea”... Pero experimentos cuidadosos, notablemente aquellos de Pasteur, mostraron que esta conclusión fue causada por la observación imperfecta, y llegó a ser una doctrina aceptada que la vida nunca surge excepto de la vida. Hasta ahora como la evidencia actual indica, ésta es todavía la única conclusión posible. Pero ya que ésta es una conclusión que parece guiarnos atrás hacia algún acto creativo sobrenatural, es una conclusión que los hombres científicos encuentran difícil de aceptar (1933, p. 94, énfasis añadido).

La ley de la biogénesis simplemente enseña que toda vida viene de la vida preexistente, y la de su género. Eso es exactamente lo que la Biblia siempre ha enseñado como lo que ocurre en la naturaleza. En Génesis 1:11,12, son registradas estas palabras por inspiración:

Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.

El mismo punto fue hecho otra vez en Génesis 1:24,25:

Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Otros pasajes a través de la Escritura (e.g., Levítico 11:13-19) continúan haciendo hincapié en que la vida viene solamente de la vida, y la “de su género”. La ley de la biogénesis declara exactamente eso. Esta ley fundamental de la ciencia es la base para todo lo que hacemos en biología y los campos relacionados a la biología—desde la investigación de hibridación hasta la ingeniería genética. Los científicos y los no-científicos reconocen igualmente la veracidad de esta ley, la cual no conoce excepción. Pregunte a cualquier granjero qué es lo que él espera conseguir cuando planta semillas de trigo, y él le dirá que él espera cosechar trigo—no maíz o tomates. Pregúntele qué espera conseguir cuando cruza un toro con una vaca, y él le dirá que espera que nazca un becerro—no un potro. La ley de la biogénesis gobierna supremamente en el mundo biológico. De arvejas usted consigue arvejas; de tulipanes usted consigue tulipanes; de caballos usted consigue caballos; de perros usted consigue perros. Esa es la ley de la biogénesis en funcionamiento. Todo reproduce “según su género”.

Ha sido declarado a menudo que la Biblia y la ciencia verdadera tiene el mismo autor—Dios. Este es el Dios que no puede mentir (Tito 1:2). Siendo este el caso, uno puede correctamente esperar que el libro de Dios en la naturaleza (i.e., el mundo alrededor nuestro) coincida perfectamente con Su Libro, la Biblia. La ley de la biogénesis es simplemente un ejemplo de la veracidad de ese enunciado. Aunque en ocasiones uno pueda ver conflictos entre la interpretación bíblica pobre y la ciencia buena, o entre la ciencia pobre y la buena interpretación bíblica, nunca será el caso que la interpretación bíblica buena y la interpretación científica buena estén reñidas. Con razón—ya que ambas comparten el mismo autor.

REFERENCIAS

Abercrombie, M., C. Hickman, and M. Johnson (1961), A Dictionary of Biology (Baltimore, MD: Penguin).

Ackerknect, E.H. (1973), “Rudolph Virchow,” Encyclopaedia Britannica, 23:35.

Balcom, Margaret (1967), The Christian Century, May 3.

Hull, David (1974), Philosophy of Biological Science (Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall).

Kirk, David (1975), Biology Today (New York: Random House).

McGraw-Hill Dictionary of Scientific and Technical Terms (1978), ed. D.N. Lapedes (New York: McGraw-Hill).

Moe, Martin A. (1981), “Genes on Ice,” Science Digest, 89[11]:36, 95, December.

Moore, John N. and H.S. Slusher (1974), Biology: A Search for Order in Complexity (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Rall, Harris (1936), Faith For Today (Nashville, TN: Abingdon).

Simpson, G.G. and W.S. Beck (1965), Life: An Introduction to Biology (New York: Harcourt, Brace & World), second edition.

Sullivan, J.W.N. (1933), The Limitations of Science (New York: Viking).

Wald, George (1972), Frontiers of Modern Biology in Theories of Origin of Life (New York: Houghton-Mifflin).

Wysong, R.L. (1976), The Creation-Evolution Controversy (East Lansing, MI: Inquiry Press).



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