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Apologetics Press :: Ciencia y la Biblia

La Biblia, la Ciencia, y las Edades de los Patriarcas
por Bert Thompson, Ph.D.

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INTRODUCCIÓN

Cuando uno lee la Biblia, algunas veces es confrontado con enunciados, situaciones, o eventos que parecen a primera vista ser imposibles o improbables—cuando son vistos desde una posición estratégica moderna. Un buen ejemplo de tal incidencia pueden ser los enunciados de la Escritura concernientes a la edad de varios de los patriarcas del Antiguo Testamento. Génesis 5 registra que antes del Diluvio, la gente típicamente vivía cientos de años, siendo la edad promedia de los patriarcas antediluvianos (sin incluir a Enoc, quien fue llevado sin morir) 912 años. Como Leupold ha observado: “Inmediatamente somos golpeados por la longevidad de estos patriarcas; todos excepto tres vivieron más de novecientos años. Es inútil el tratar de evadir este hecho” (1942, 1:233).

La observación de Leupold de que es “inútil tratar de evadir” el claro enunciado de la Escritura concerniente a los largos periodos de vida de los patriarcas es correcto, desde luego, en el sentido de que nadie puede negar que la Biblia atribuye edades extensas a muchos de los patriarcas antiguos. La Biblia especialmente declara que Adán, por ejemplo, vivió 930 años (Génesis 5:5), Matusalén vivió 969 años (Génesis 5:27), etc. No obstante, como el mismo Leupold declaró en su Exposition of Genesis (Exposición de Génesis) de dos-volúmenes, algunos han sugerido que aunque la Biblia dice que estos honorables ciudadanos vivieron para tener grandes edades, eso no es lo que significa. En otras palabras, aunque los mismos enunciados bíblicos sobre estos asuntos sean claros, su significado no lo es.

Se nos dice que este es el caso, ya que es un asunto de registro que los hombres hoy en día no viven para tener siglos de años. Por ende, algunos han sugerido que el registro bíblico es inaceptable, y necesita ser “arreglado”, o “explicado”, para hacerlo coincidir con los hechos científicos modernos sobre estos asuntos, y para hacer su mensaje aceptable a la gente de nuestro tiempo y época. Entonces, ¿qué recurso está disponible para la persona que descubre que existe desacuerdo entre los enunciados claros e históricos de la Escritura y las declaraciones científicas modernas?

Primero, uno simplemente puede reconocer que la Biblia es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16,17), y como tal es precisa en su interpretación. Si tal persona ha estudiado el asunto o asuntos a la mano y está seguro que su entendimiento de la Escritura es exacto, él reverenciará a la Palabra de Dios como exactamente eso—la Palabra de Dios—y aceptará sus enseñanzas como fidedignas, a pesar de las reclamaciones por lo contrario. Segundo, desde luego, una persona puede simplemente desechar el registro bíblico como un poco más que folklore antiguo—digno de igual admiración y reverencia como, por decir, las fábulas de Esopo. Tal actitud rechaza las reclamaciones bíblicas de inspiración, y en cambio rinde tributo a la altivez científica y filosófica actual. Tercero, uno puede clamar—de toda apariencia externa—aceptar que la Biblia habla fielmente y exactamente en cualquier asunto que aborda, cuando en realidad compromete sus enseñanzas acerca de una variedad de temas. Por ende, mientras que tal persona pretende respetar a la Biblia como la Palabra de Dios, siembra semillas de compromiso. Generalmente, esta es la clase de persona que espera ver lo que la “ciencia” tiene que decir antes de hacer cualquier determinación sobre el asunto. Luego, si la ciencia está reñida con la Biblia, las Escrituras deben ser “corregidas” para calzar con la información científica. Nunca se nos dice que la ciencia deba corregir su punto de vista, solamente lo contrario—i.e., el registro bíblico debe ser alterado para calzar con la información científica actualmente predominante.

¿NECESITA EL REGISTRO BÍBLICO DE LAS EDADES DE LOS PATRIARCAS SER ARREGLADO?

Es el propósito de este artículo examinar el espíritu de compromiso exhibido por aquellos en el tercer grupo mencionado anteriormente. Existe un número de ejemplos notables de tal compromiso, cualquiera de los cuales es ilustrativo de las actitudes descritas. Dos ejemplos serán suficientes.

En 1990, Ronald F. Youngblood publicó un libro titulado, The Genesis Debate (El Debate del Génesis), en el cual varias áreas de la Escritura fueron tratadas por argumentadores de ambos lados de un tema. El capítulo ocho de ese volumen trataba la pregunta, “¿Vivió la gente para tener siglos de años antes del Diluvio?”. En ese capítulo, Duane L. Christensen defendió primero el punto de vista de que el registro bíblico simplemente no puede ser aceptado como está escrito. Él luego sugirió un número de métodos que pueden ser empleados para “arreglar” el texto para así resolver lo que él consideraba una discrepancia seria entre los enunciados bíblicos y el conocimiento científico actual (Christensen, 1990, pp. 166-183). La conclusión de Christensen fue que estos números eran, para usar sus palabras, “excesivamente grandes”, por ende científicamente incomprobables, y, muy simplemente, inaceptables.

En la edición de junio de 1978 de Does God Exist? (¿Existe Dios?) que él edita, John Clayton de South Bend, Indiana, abordó las edades de los patriarcas en un artículo sobre “The Question of Methuselah” (“El Asunto de Matusalén”). Él comentó:

Una de las preguntas más frecuentemente hechas que recibimos en nuestra serie de conferencias es “¿Cómo vivieron los hombres tan largamente durante las épocas bíblicas tempranas?”. La Biblia indica edades de 969, 950, etc., años para los hombres antiguos. Desde un punto de vista científico nosotros no podemos verificar esta cifra. Al estudiar los huesos de los hombres más antiguos conseguimos edades de diez a treinta y cinco años usualmente, y sólo raramente una edad tan alta como cincuenta (1978a, 5[6]:11, énfasis añadido).

El punto hecho por Christensen y Clayton es este—desde un punto de vista científico, las edades de los patriarcas como dadas en la Biblia no pueden ser probadas. En la edición de septiembre de 1978 de su revista, Clayton lamentó:

Una dificultad final con la que esto se relaciona es los intentos hechos por algunos de comprometer las fechas históricas específicas con los eventos bíblicos de gran antigüedad. Las edades de los hombres en el pasado no pueden ser respondidas con gran precisión (1978b, 5[9]:9, énfasis añadido).

¿Por qué las edades de los hombres en el pasado no pueden ser respondidas con precisión? ¿Es a causa de que la Biblia no es clara en sus enunciados concernientes a estas edades? No, los enunciados bíblicos son claros y precisos. El hecho simple es que ninguno de estos dos escritores está dispuesto a aceptar el testimonio bíblico porque no hay evidencia científica. En una carta con fecha de abril 20 de 1987 a un joven en Wyoming quien le había escrito para preguntarle acerca de este mismo punto, el Sr. Clayton escribió:

Es un hecho que no existe evidencia científica de que la gente viviera para tener cientos de años de edad. Puede ser que nosotros no hemos encontrado los huesos correctos, pero la mayoría de huesos de hombres antiguos resulta ser de veinte o treinta años de edad y ninguno han [sic] sido encontrado, a mi conocimiento, ser más viejo que 80 años de edad. Por esta razón, yo he tratado de señalar que hay muchas maneras posibles en que la edad extrema de Matusalén pueda ser explicada... (1987, p. 2, énfasis añadido).

La ausencia de evidencia científica que sostenga la reclamación de la Biblia para las edades de los patriarcas es la razón del por qué el Sr. Clayton no puede llegar a aceptar esas edades. Piense por un momento cuán radical esta posición realmente es. ¿Qué “evidencia científica” poseemos que “prueba” el nacimiento virginal de Jesús? Ya que la ciencia no puede establecer que tal evento ocurre, ¿deberíamos nosotros entonces buscar una explicación alternativa para el nacimiento de Cristo? Esta línea de razonamiento pudiera ser expandida casi interminablemente. Ya que la ciencia es incapaz de “probar” la resurrección corporal de Cristo, la división del Mar Rojo, la destrucción de Sodoma y Gomorra, y cientos de otros acontecimientos, ¿deben estos eventos—que son tanto científicamente incomprobados e incomprobables—simplemente ser descartados, de la misma manera que estos dos autores sugieren que las edades patriarcales sean descartadas?

Ciertamente debe ser hecha la pregunta: ¿Por qué las grandes edades de los patriarcas necesitan ser “explicadas” en primer lugar? ¿Por qué no simplemente se acepta el registro bíblico como está escrito? En su artículo de junio de 1978 sobre Matusalén, John Clayton proveyó la respuesta a esa pregunta cuando trató varias maneras posibles de “explicar” las edades de los patriarcas. Él declaró:

La primera posibilidad es que Dios milagrosamente cambió la expectación de vida del hombre. No existe controversia de tal milagro en la Biblia, pero muchos milagros ocurrieron durante la creación que no son registrados en Génesis 1. Esta puede ser la respuesta, pero ya que ningún escéptico lo aceptaría nosotros consideraremos algunas otras posibilidades (1978a, 5[6]:11, énfasis añadido).

Esto es increíble. Primero se nos informa que ya que “no existe evidencia científica”, las grandes edades de los patriarcas deben ser “explicadas”. Segundo, se nos dice que ya que “ningún escéptico aceptaría” un punto de vista particular sobre esos asuntos, “otras posibilidades” necesitan ser exploradas. Qué triste comentario sobre cómo el Sr. Clayton, y otros como él, ven la Palabra inspirada de Dios. Esto trae a la mente el enunciado del célebre erudito Edward J. Young en su texto clásico, Studies in Genesis One (Estudios en Génesis Uno):

Lo que golpea a uno inmediatamente al leer tal enunciado es la baja estimación de la Biblia que esto implica. Cuando quiera que la “ciencia” y la Biblia están en conflicto, es siempre la Biblia la que, en una manera u otra, debe ceder el paso. No se nos dice que la “ciencia” debería corregir sus respuestas a la luz de las Escrituras. Siempre es al revés (1964, p. 54).

Entonces, la pregunta ya no es, “¿Lo afirma la Biblia?”, sino “¿Puede la ciencia confirmarlo?”. Un escritor observó:

Siempre que tales personas leen las Escrituras, ellos lo hacen echando un vistazo sobre sus hombros para ver si la ciencia está de acuerdo; y siempre que la ciencia asevera lo que es diferente a lo que la Biblia dice, ellos están desesperadamente listos a añadir, eliminar, estirar, u oprimir la narración sagrada para ajustarla a las nociones recientes de la comunidad científica (Jackson, 1978, 14:14).

MÉTODOS SUGERIDOS PARA “ARREGLAR” LAS EDADES DE LOS PATRIARCAS

¿Cómo exactamente los críticos de la Biblia sugieren que las grandes edades de los patriarcas sean “explicadas”? Varios métodos han sido sugeridos, entre los cuales están los siguientes.

Edades Determinadas Contando los Años Como Meses

Algunos han sugerido que las edades de los hombres no fueron determinadas en tiempos antiguos como las son hoy. Por ejemplo, John Clayton ha escrito:

La conjetura que atrae a este escritor es que los métodos para medir la edad no son los mismos hoy como fueron cuando los hombres vivieron hace mucho tiempo... Nosotros también sabemos que muchas culturas usan la luna como una medida para la edad (tales como muchas tribus americanas indias). Si Matusalén fuera medido en tal sistema su edad sería de 80 años, más el tiempo hasta que llegó a ser padre. Esto no cambia nada ya que él todavía sería extraordinariamente viejo—especialmente para el tiempo en el cual vivió, pero esto daría una comprensión moderna de cómo tal edad fue calculada (1978a, 5[6]:12).

El célebre erudito John J. Davis abordó esta propuesta en dos de sus libros. En el primero, Biblical Numerology (Numerología Bíblica), él observó:

El método más común para escapar al problema conectado con estos grandes números es hacer que el “año” signifique un periodo más corto tal como un mes. No obstante, este punto de vista no encuentra sostenimiento en absoluto en el texto bíblico ya que el término “año” no es nunca usado en esta manera en el Antiguo Testamento. En adición a esta debilidad textual, existe un problema serio cronológico que surge por tal enfoque. En Génesis 5:6 se nos dice que Set engendró a Enós cuando tenía 105 años de edad. Si los “años” en este texto realmente significan “meses” entonces estos versículos sugirieran que ¡Set tuvo un hijo cuando tenía solamente alrededor de nueve años de edad! (1968, p. 58; vea también Borland, 1990, p. 171).

En su segundo trabajo, Paradise to Prison (Paraíso a la Prisión), el Dr. Davis sugirió: “No parece haber necesidad de considerar los nombres y edades de los individuos en este capítulo como algo menos que completamente históricos”. Pero ¿por qué? La razón es simple. Sería difícil que alguien crea que una persona (e.g., Set) pudiera engendrar a un niño cuando tenía solamente nueve años de edad, aunque, como Davis señala, “Enós, Cainán, Mahalaleel, y Enoc hubieran sido padres a incluso edades más jóvenes” (1975, p. 106). Frederick Filby trató esta misma “solución” en su volumen, The Flood Reconsidered (El Diluvio Reconsiderado): “Esto nosotros rechazamos completamente, no solamente se puede demostrar que es absolutamente equivocado, sino ocasiona más dificultades de lo que resuelve. Se nos dice que Enoc tuvo un hijo, Matusalén, cuando tenía sesenta y cinco años. Si nosotros lo dividimos entre doce, ¡él tuviera un hijo cuando tenía 5.4 años de edad! (1970, p. 21). John Clayton ha protestado que los escépticos nunca creerían que los hombres vivieron para tener inmensas edades atribuidas a ellos en la Biblia. ¡Uno no puede evitar preguntarse si estos mismos escépticos encontrarían más fácil creer que Enoc, para usar el ejemplo de Filby, engendró a un niño cuando él mismo tenía apenas un poco más de 5 años de edad!

La Biblia misma hace una clara distinción entre años y meses, eliminando completamente las propuestas de los críticos de que las edades de los hombres fueron contadas por medio de “lunas” (i.e., meses), no años. En Génesis 8:13 se registra: “Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero...”. Moisés aparentemente entendió la diferencia entre un mes y un año. ¿Por qué los críticos de la Biblia tienen tanta dificultad para distinguir entre los dos?

La Biblia similarmente presenta evidencia convincente para eliminar la idea de que las edades de los hombres deberían ser divididas por 12 para llegar a una cifra exacta para el número de años que ellos en realidad vivieron. Abraham tenía 86 cuando Ismael nació (Génesis 16:16). Dividido por 12, esto significaría que ¡el patriarca tenía un poco más que 7 años al nacimiento de su primer hijo, y que Sara tenía justo un poco más que 7 años cuando dio a luz a Isaac! Además, ¡Abraham debe haber muerto en “buena vejez” de un poquito más que 14 años (Génesis 25:7,8)! Como resultado, los intentos de los críticos de “arreglar” la Biblia crean un peor problema que lo que ellos tratan de resolver.

Años Contados Desde el Nacimiento Del Primer Descendiente

Otra sugerencia ofrecida en respuesta de las edades de los patriarcas es que las cifras aparecen más grandes de lo normal porque “algunas personas primitivas miden su edad no desde el tiempo de su nacimiento, sino desde el tiempo en que producen descendencia, o son aceptados como adultos en la comunidad en que viven” (Clayton, 1978a, 5[6]:12). En otras palabras, las cifras presentadas en la Biblia son demasiadas grandes simplemente porque estas no han sido todavía “ajustadas” (i.e., acortadas) para permitir la edad verdadera—calculada desde el tiempo del nacimiento del primer descendiente, o desde el tiempo que una persona fuera reconocida como adulta.

Dos cosas pueden ser dichas concernientes a esta idea. Primero, no existe ni una pizca de evidencia creíble de que las edades de los patriarcas fueron contadas solamente desde el tiempo del nacimiento de su primogénito. Es una cosa especular sobre esto, y otra cosa completamente diferente el probarlo. ¿Dónde está la evidencia de los críticos de que las edades de los patriarcas fueron consideradas en tal manera? Segundo, la Biblia da un golpe-mortal a esta proposición cuando muy específicamente presenta las edades de los hombres antes que ellos engendrasen descendencia, eliminando la idea de que las edades de los hombres no fueron calculadas antes de ese evento. Génesis 12:4 dice “Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán”. Una vez más, los intentos de los críticos por “arreglar” el texto inspirado han hecho su condición final peor que su primera.

Las Edades No Representan Individuos, Sino Dinastías

A finales de 1800, mientras la oposición a la Biblia crecía y el escepticismo en general aumentaba, los teólogos buscaron maneras de hacer que la Biblia se ajustara a la evolución darvinista y a la geología uniformista. Mientras que los teólogos liberales estaban trabajando para insertar edades vastas de tiempo geológico dentro del texto bíblico, de algún modo irónicamente, ellos simultáneamente estaban trabajando para remover las edades vastas de los patriarcas del mismo texto.

Una manera novedosa que ellos esperaban que tuviera éxito en esto fue sugerir que los nombres en las listas genealógicas fueron usados para referirse a dinastías, clanes, o tribus, o sólo raramente a individuos. Borland ha explicado lo que esto lograría:

Esto significaría que cuando el clan de Adán había ejercido dominio por 130 años, una persona nació en el clan de Adán quien finalmente gobernó o fue el progenitor del clan de Set. El clan de Adán continuó siendo poderoso por unos 800 años adicionalmente, y entonces tal vez el clan de Set tomó el poder, o tal vez hubo una brecha antes que el clan de Set ejerciera su autoridad por 912 años (1990, p. 174, énfasis añadido).

Existen numerosos problemas con este punto de vista. Primero, los defensores de la idea de la “dinastía” no pueden ser consistentes, ya que incluso ellos están forzados a admitir que ciertos nombres en la lista no pueden representar solamente a un clan, sino deben representar a individuos. Noé y sus hijos deben haber sido individuos, ya que ellos estuvieron en el arca. Abraham debe haber sido un individuo, no una dinastía, ya que él fue el padre de la nación hebrea. Si estos son individuos, ¿por qué no lo pueden ser los otros?

Segundo, como Leupold ha comentado, “el intento de dejar que los nombres personales representen tribus destroza el enunciado claro de qué edad tenía cada padre cuando engendró a su hijo. Una generación completa no es por ende lograda dentro de una tribu” (1942, p. 233). Borland anotó: “La notación de la edad a la cual un padre engendró un individuo particular (un hijo) elimina el concepto de la tribu” (1990, pp. 174-175). Uno no habla de una “dinastía” que engendra a un hijo, y luego da una edad para tal acontecimiento.

Tercero, para que esta interpretación forzada sea aceptable, uno debe leer el registro bíblico con una dosis muy grande de imaginación y una dosis muy pequeña de sentido común. Por ejemplo, cuando el texto dice que Eva dio a luz a Caín y Abel, todos admiten que está hablando de individuos porque uno de ellos (Caín) mató al otro (Abel). Sin embargo, cuando Eva dio a luz a Set, ¿de repente está siendo propuesta una dinastía? Además, ¿cómo un defensor de esta teoría extraña trata con el hecho de que en muchos casos en el Antiguo Testamento son mencionados específicamente hermanos y hermanas? Las dinastías no tienen hermanos y hermanas. Borland ha abordado esto en gran detalle, y ha provisto numerosos ejemplos bíblicos que establecen que individuos, no dinastías, están bajo tratado (1990, pp. 175-176).

CONCLUSIÓN

No es raro para aquellos que rechazan aceptar las edades de los patriarcas como valor nominal el sugerir que los números tienen algún “significado teológico” escondido atado a estos. Una y otra vez nosotros hemos oído o visto justo tal enunciado. Pero, cuando son presionados a explicar cuál deber ser el significado teológico, los partidarios de tal idea se quedan confusos para ofrecer alguna explicación. Christensen estuvo forzado a admitir:

Es probable que no sea posible el recuperar la llave para el significado teológico de los números y edades en Génesis 5-11, a lo menos en detalle. No obstante, parece probable que los números no deben ser tomados como simplemente información histórica (1990, p. 180).

En otras palabras, aunque él no puede explicar qué pueden significar los números, él sabe qué es lo que no significan. Ellos no deben ser tomados como literales o históricos.

¿Por qué no? Así es como los escritores de la Biblia los consideraron. Examine este enunciado remarcable. En Génesis 47:9, Jacob, hablando a Faraón, dijo: “Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación”. Jacob tenía 130 años de edad, aun incluso a esa edad, él declaró que sus días no habían alcanzado “los días de los años de la vida de mis padres”. Si él tenía 130 años de edad, y todavía no había alcanzado la edad de algunos de los patriarcas que le precedieron, ¿de qué edad hubieran sido “sus padres”?

¿No es remarcable cuán hermosamente el registro bíblico calza junto? Y ¿no es maravilloso que pueda ser confiado y aceptado sin la clase de trucos “engañosos” en los cuales sus críticos tienen que depender para hacer que sus teorías falsas logren algún grado de respetabilidad?

REFERENCIAS

Borland, James A. (1990), “Did People Live to be Hundreds of Years Old Before the Flood?,” The Genesis Debate, ed. Ronald F. Youngblood (Grand Rapids, MI: Baker) [Borland answers in the affirmative].

Christensen, Duane L. (1990), “Did People Live to be Hundreds of Years Old Before the Flood?,” The Genesis Debate, ed. Ronald F. Youngblood (Grand Rapids, MI: Baker) [Christensen answers in the negative].

Clayton, John N. (1978a), “The Question of Methuselah,” Does God Exist?, 5[6]:11-13, June.

Clayton, John N. (1978b), “The History of Man’s Time Problem,” Does God Exist?, 5[9]:6-10, September.

Clayton, John N. (1987), Personal letter to Mike Christensen of Laramie, Wyoming, pp. 1-2.

Filby, Frederick A. (1970), The Flood Reconsidered (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Jackson, Wayne (1978), “The Age of Methuselah,” Christian Courier 14:14-16, August.

Leupold, H.C. (1942 reprint), Expositions of Genesis (Grand Rapids, MI: Baker).

Young, Edward J. (1964), Studies in Genesis One (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed).



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