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Apologetics Press :: Ciencia y la Biblia

La Edad de la Tierra
por Bert Thompson, Ph.D.

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INTRODUCCIÓN

En cualquier debate sobre los orígenes, un área que finalmente tendrá que ser examinado es el asunto de la edad de la Tierra. Como un escritor sugirió:

Indudablemente el argumento más popular propuesto en contra de la credibilidad de la narración mosaica en Génesis es el conflicto aparente entre el registro bíblico y la reclamación de la geología moderna. La Biblia claramente sugiere que la tierra fue creada solamente unos pocos de miles de años atrás, mientras que algunos científicos sostienen que ha estado en existencia por algo de cuatro billones y medio de años a cinco. La solución a este problema ha sido a menudo el descartar simplemente a Génesis como un relato no-informado de lo que los hombres de la antigüedad creían concerniente al origen de las cosas, o si no, por un abracadabra escéptico Génesis es forzado a armonizar con las suposiciones de los geólogos evolucionistas. Ninguno de estos métodos da satisfacción al inquiridor sincero de la verdad (Jackson, 1974, p. 28).

La cronología de la historia de la Tierra es un asunto extremadamente relevante. La edad de la Tierra importa.

El evolucionista asevera que la Tierra tiene billones de años de edad. Desde luego, él no tiene elección, ya que sin vastos eones de tiempo, la evolución es imposible. R.L. Wysong, en su excelente obra, The Creation-Evolution Controversy (La Controversia Creación-Evolución), declara:

No es un secreto que los evolucionistas adoran en el santuario del tiempo. Existe poca diferencia entre el evolucionista que dice “el tiempo lo hizo” y el creacionista que dice “Dios lo hizo”. El tiempo y la casualidad es una deidad de dos cabezas. Mucho esfuerzo científico ha sido empleado en un intento de demostrar que los eones de tiempo son disponibles para la evolución. El hombre, los planetas, el universo, las galaxias y la materia son calificados como vanamente antiguos por los métodos de datación geológicos y radiactivos. No se habla del tiempo en términos de simple décadas o siglos, sino de millones, sextillones, quintillones, “multicuadrupledo-pleillones” y cualquier otro que imagine. El evolucionista dice que el tiempo es todo lo que se necesita para lograr la generación espontánea de la vida; los físicos, geólogos, y paleontólogos evolucionistas le aseguran que tiene suficiente con lo cual trabajar (1976, p. 137).

George Wald, de la Universidad de Harvard y ganador del Premio Nobel, confirmó los enunciados del Dr. Wysong.

El hacer un organismo demanda la sustancia correcta en las proporciones correctas en el arreglo correcto. Nosotros no pensamos que algo más se necesite—pero eso es problema suficiente. Uno solamente tiene que contemplar la magnitud de esta tarea para reconocer que la generación espontánea de organismos vivientes es imposible. Aunque aquí estamos—como un resultado, yo creo, de la generación espontánea. En tal problema como la generación espontánea de la vida, nosotros no tenemos manera de calcular las probabilidades de antemano, o incluso decidir qué pretendemos decir por prueba. El origen de un organismo vivo es indudablemente un fenómeno de etapas, cada etapa con su propia probabilidad y sus propias condiciones de prueba. No obstante, de una cosa podemos estar seguros: lo que sea que constituya una prueba, cuanto más grande es el intervalo de tiempo, más pruebas ocurren.

El punto importante es que ya que el origen de la vida pertenece a la categoría de los fenómenos de “a-lo-menos-una-vez”, el tiempo está de su lado. Por improbable que consideremos este evento, o cualquiera de las etapas que implica, dado el tiempo suficiente, ciertamente esto casi pasará a lo menos una sola vez. Y para la vida como la conocemos, con su capacidad para el crecimiento y la reproducción, una vez puede ser suficiente. El tiempo es el héroe de la trama. El tiempo con el cual nosotros tenemos que tratar aquí es de alrededor de 2 billones de años. Lo que nosotros consideramos como imposible sobre el fundamento de la experiencia humana no tiene sentido aquí. Con tanto tiempo, lo imposible llega a ser posible, lo posible llega a ser probable, y lo probable llega a ser virtualmente cierto. Uno solamente debe esperar; el tiempo en sí mismo realiza milagros (1954, 191[2]45-53, énfasis añadido).

Ya que en el escenario evolutivo el “tiempo en sí mismo realiza milagros”, es esencial que sean empleados los métodos que “prueban” que los vastos eones de tiempo están a disposición. Sin embargo, tales métodos están plagados de problemas serios, como la siguiente información revela.

SUPOSICIONES Y MÉTODOS DE DATACIÓN EVOLUTIVOS ERRÓNEOS

Primero, no existen métodos científicos que puedan probar—en ningún sentido absoluto—la edad de la Tierra. Desde luego, la razón es que todo método científico está basado sobre ciertas suposiciones adheridas. Éste debe ser el caso, ya que nadie estuvo allí “en el principio” para “iniciar el reloj” de la edad de la Tierra. Además, ciertos criterios son necesarios antes que alguien pueda obtener un temporizador exacto. En su texto, Science and Creation (Ciencia y Creación), Boardman, Koontz, y Morris trataron aquellos criterios:

(1) El temporizador debe ser legible en unidades de tiempo. Debe tener una escala entendible. (2) El temporizador debe ser suficientemente exacto y sensible para medir el intervalo de tiempo en cuestión, sea miles de años o una fracción de segundo. (3) Debemos saber cuándo el temporizador fue iniciado; por ejemplo, ¿fue iniciado el jueves pasado a las 4:00 p.m. o cinco años atrás a las 5:00 p.m. el 5 de marzo? (4) Debemos de saber no solamente cuándo el temporizador fue iniciado, sino cuál fue la lectura en la escala del temporizador cuando fue iniciado; por ejemplo, ¿leía el temporizador cero cuando fue iniciado el jueves pasado a las 4:00 p.m. o leía 5 horas y 10 minutos cuando fue iniciado? (5) El temporizador debe funcionar a una velocidad uniforme; si no lo hace, entonces para usar tal temporizador, debemos tener información precisa acerca de cualquier cambio en el ritmo del temporizador para que así podamos corregir las lecturas. (6) El temporizador no debe haber sido interrumpido en ninguna manera, o reiniciado, desde que fue iniciado (1973, p. 143, énfasis en original).

Estos son los criterios mínimos para un temporizador exacto. Los así-llamados “cronómetros científicos” de los evolucionistas no reúnen estos estándares básicos. Nadie sabe, por ejemplo, cuándo el temporizador fue iniciado, o el ajuste de escala cuando fue iniciado, o que éste funcionaba a un ritmo uniforme, etc. Las suposiciones en este asunto pueden, o no pueden, ser correctas. Los métodos de datación son solamente tan exactos como las suposiciones sobre las cuales están basados. Si suposiciones incorrectas refuerzan un método particular, el resultado final será información incorrecta.

Segundo, los científicos no han “probado” que la Tierra tiene billones de años de edad, incluso cuando ellos claman haberlo hecho. Los métodos radiométricos de datación están promocionados como estableciendo edades “absolutas” de 4.5-5.0 billones de años para la Tierra. No obstante, los evolucionistas frecuentemente fallan en señalar las suposiciones detrás de estos métodos. Por ejemplo, para que estos procedimientos funcionen, los evolucionistas deben asumir que: (a) el uniformismo es verdadero (i.e., los ritmos en los cuales los procesos están ahora siendo observados que ocurren permanecieron constantes a través del tiempo geológico); (b) el medio ambiente de la Tierra es un sistema cerrado (i.e., ninguna fuerza externa estuviera permitida a alterar los procesos o los ritmos al cual ocurren); y (c) las condiciones iniciales de los componentes del sistema son conocidos con certeza (i.e., es conocido que los elementos radioactivos que son medidos deben ser el resultado de la descomposición en el tiempo, y no pudieron haber estado presentes a la formación de la roca). Sin embargo, nosotros sabemos hoy en día que: (a) los ritmos del proceso pueden cambiar; el uniformismo fundamental es falso; (b) el sistema no es cerrado; las condiciones en la Tierra pueden interferir con, o alterar, el sistema; y (c) los elementos radioactivos pueden aparecer durante la formación inicial de la roca, y por ende no son siempre el resultado final de la descomposición radioactiva en el tiempo geológico. Las tres suposiciones principales sobre las cuales los métodos evolutivos de datación han estado basados ahora son conocidas como incorrectas. La ciencia no ha “probado” la edad de la Tierra. Henry Morris observó:

...por ejemplo, para que un sistema sea fiable en medir el tiempo geológico, éste debe satisfacer a lo menos dos criterios básicos: (1) su ritmo de proceso debe ser constante e incambiable; (2) debe ser un “sistema cerrado”, no capaz de ser afectado por influencias ajenas al sistema.

Ahora nos levantamos en contra de un hecho muy significante de la naturaleza. ¡Realmente no existe ningún proceso natural que tenga un ritmo de acción incambiable y realmente no existe tal cosa en la naturaleza como un sistema verdaderamente aislado! Consecuentemente no existe geocronómetro que sea realmente capaz de probar algo acerca de la duración del tiempo geológico. Para ser específico, es absolutamente imposible probar que la tierra es más antigua que los pocos miles de años de la cronología bíblica (1970, p. 69, énfasis en original).

Tercero, existen muchos métodos científicos que establecen una edad relativamente joven para la Tierra. [Para una lista parcial de estos métodos, vea Morris y Parker, 1987, pp. 288-293]. ¿Por qué estos métodos no son publicados en los libros de textos para niños, aun cuando estos son tan (y, en muchos casos, más) fidedignos como los métodos radiométricos de datación? La respuesta es obvia—si estos métodos fueran aceptados, el resultado sería una Tierra joven, y los estudiantes se darían cuenta inmediatamente que la evolución no puede ser verdadera.

Entonces, ¿qué edad tiene la Tierra? Ya que la ciencia no puede proveer una respuesta fiable, es requerida otra fuente de información. Afortunadamente, el Creador de este maravilloso planeta ha provisto una. La información que necesitamos es encontrada en la Biblia—el “manual de operaciones” para la Tierra. A través de la luz guiadora de la revelación divina puede ser determinada una edad relativa para la Tierra. Aquí está lo que es implicado.

¿QUÉ EDAD TIENE LA TIERRA?

Desde luego, es cierto que no existe pasaje (o grupo de pasajes) en la Biblia que declare precisamente la edad de la Tierra. No obstante, eso no significa que una aproximación relativa de la edad de la Tierra no pueda ser averiguada. Esto simplemente significa que uno debe usar la información bíblica pertinente para establecer la edad relativa de la Tierra. La pregunta en cuanto a la edad de la Tierra puede ser contestada en muchas maneras. Por ejemplo, uno puede declarar correctamente que la Tierra es cinco días más antigua que el hombre. Éxodo 20:11 y Génesis 1 declaran que todo fue creado en seis días—la Tierra en el primer día, el hombre en el sexto. Jesús afirmó esto en Mateo 19:4 y Marcos 10:6 cuando observó que el hombre ha estado aquí “desde el principio de la creación”.

De acuerdo con la información involucrada en las genealogías bíblicas, que se extienden de Jesús hasta Adán (Lucas 3:23 et.seq.), puede ser demostrado que la Tierra solamente tiene pocos miles de años de edad—no billones de años como los evolucionistas, y aquellos que simpatizan con ellos, alegan. Desde luego, uno debe reconocer que las genealogías no tuvieron la intención de establecer una edad exacta para la Tierra; en cambio fueron diseñadas para dar un registro fundamentalmente completo del linaje mesiánico. Mientras que de buena gana aceptamos este hecho, es también importante notar que no existe manera de insertar 4.5-5.0 billones de años dentro de aquellas mismas genealogías. Algunos han intentado tal compromiso al sugerir que existen inmensas “brechas” en las genealogías que las consideran inútiles en asuntos de cronología, y que les permiten ser expandidas para acomodar el horario evolutivo (vea Clayton, 1980, 7[1]:3-7). Yo he abordado esta reclamación inexacta, como lo han hecho otros numerosos escritores (vea: Thompson, 1999; Thompson, 2000, pp. 247-253; Jackson y Thompson, 1992, pp. 99-110; Morris, 1974, pp. 247 et.seq.). El registro bíblico simplemente no acomodará el tiempo evolutivo.

EL CONCEPTO DE LA EDAD APARENTE

Finalmente el concepto de la “edad aparente” debe ser considerado. ¿De qué edad era Adán dos segundos después que Dios lo creó? Desde luego que el tenía dos segundos de edad. Esa fue su edad literal, pero ¿cuál era su edad aparente—i.e., de qué edad parecía ser? Es obvio de una lectura sencilla de Génesis 1,2 que Adán era de edad suficiente como para reproducir, ya que éste fue el mandamiento que Dios le dio (Génesis 1:28). Similarmente, ¿de qué edad parecía ser Eva? Ella había sido justo creada, y por ende, en realidad, tenía menos de un día de edad. Aunque ella, también, era de edad suficiente como para reproducir. Lo mismo, en principio, se aplicaría a la creación completa; aunque recién creada, ésta tenía la apariencia de edad [NOTA: Este concepto no involucra a Dios en el engaño, como algunos han acusado. Esto no implica que, como parte del fenómeno de la “edad aparente”, Dios puso fósiles dentro de las profundidades de la Tierra para “burlar” al hombre o “probar su fe”. Los fósiles, en mayor parte, probablemente son el resultado de un Diluvio global. Además, con seguridad el Señor no puede ser acusado de engaño o falsedad cuando Él nos dijo exactamente qué hizo].

La doctrina de la “edad aparente” es inherente en los primeros capítulos de Génesis. Si Dios creó las plantas, los animales y el hombre en un estado maduro (i.e., con la “apariencia de edad”), ¿tiene sentido de que Él creara una Tierra “inmadura” para su habitación? Absolutamente no. Dios es un Dios de orden, no de confusión (1 Corintios 14:33). Considere también esto. ¿Cómo Dios crearía algo sin que esto tenga la apariencia de alguna edad? Si Dios hubiera hecho a Adán como un bebé en vez de un hombre crecido, ¿cómo hubiera Él creado un bebé que no pereciera como si hubiese pasado a través del completo periodo de nueve meses de gestación como los otros bebés? Lo mismo sería verdadero para las otras cosas. Si Dios tuviera que crear un átomo, ¿cómo lo hiciera parecer como si no hubiera estado allí siempre? ¿Cómo luce un átomo “recién creado”? El concepto de la edad aparente es completamente escritural. No debería ser sorprendente, que en alguna ocasión, algo en la naturaleza parezca antiguo cuando es datado. Si los científicos considerarían la edad aparente como un hecho en los métodos que emplean—métodos que parecen sostener una edad antigua para la Tierra—ellos entonces pudieran corregir sus datos aberrantes y traerlos en armonía con la verdad del asunto como expresado por el mismo Creador. Sin embargo, tal escenario parece que probablemente no ocurrirá pronto, ya que esto aseguraría una Tierra joven y la ruina subsiguiente de la hipótesis evolutiva.

CONCLUSIÓN

No existe necesidad que nosotros cedamos a la intimidación de la seudo-ciencia evolutiva. En cambio, vamos simplemente a aceptar la verdad de lo que Dios dijo que hizo. Las palabras del poeta inglés, William Cowper, son apropiadas aquí.

Algunos perforan y taladran
La Tierra sólida, y del estrato allí
Extraen un registro por el cual aprendemos
Que Quien lo hizo, y reveló su fecha
A Moisés, estaba equivocado en su edad.

REFERENCIAS

Boardman, W.W., R.F. Koontz, and H.M. Morris (1973), Science and Creation (San Diego, CA: Creation-Science Research Center).

Clayton, John N. (1980), “Is the Age of the Earth Related to a ‘Literal Interpretation’ of Genesis I?,” Does God Exist?, 7[1]:3-7, January.

Jackson, Wayne (1974), Fortify Your Faith in An Age of Doubt (Stockton, CA: Courier Publications).

Jackson, Wayne and Bert Thompson (1992), In the Shadow of Darwin: A Review of the Teachings of John N. Clayton (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Morris, Henry M. (1970), Biblical Cosmology and Modern Science (Grand Rapids, MI: Baker).

Morris, Henry M., ed. (1974), Scientific Creationism (San Diego, CA: Creation-Life Publishers).

Morris, Henry M. and Gary E. Parker (1987), What Is Creation Science? (El Cajon, CA: Master Books).

Thompson, Bert (1999), The Bible and the Age of the Earth [a research article] (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Thompson, Bert (2000), Creation Compromises (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Wald, George (1954), “The Origin of Life,” Scientific American, 19[2]:45-53, August.

Wysong, R.L. (1976), The Creation-Evolution Controversy (East Lansing, MI: Inquiry Press).



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