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Apologetics Press :: Ciencia y la Biblia

La Investigación de la Célula del Tallo—el “Terreno Pantanoso” de la Ciencia
por Brad Harrub, Ph.D. y Bert Thompson, Ph.D.

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INTRODUCCIÓN

En agosto 9 del 2001, el presidente de los Estados Unidos George W. Bush se dirigió a la nación por primera vez después de su elección. Sus observaciones indicaron que el gobierno federal no patrocinaría a las instituciones que realizaran investigación usando células embrionarias del tallo, a parte de las 60 (o aproximadamente) líneas de células embrionarias del tallo que ya existen. Aunque aplaudimos la decisión del Presidente Bush de no sostener la investigación de la célula del tallo que implica la matanza de embriones fertilizados adicionales, todavía somos dejados con la pregunta si es que ya no hemos comenzado a andar sobre terreno pantanoso. ¿Cuánto faltará, ahora que la puerta ha sido forzada a abrirse, antes que otros políticos tomen esa puerta firmemente en ambas manos y la fuercen a abrirse aún más, pavimentando por ende el camino para la investigación de la célula madre embrionaria a través de América? A nosotros nos gustaría presentar el siguiente material para que así los cristianos puedan armarse con la verdad y saber que necesitan hacer decisiones informadas.

La edición de octubre 16 del 2000 de la revista Time reportó una situación de la vida real de una pareja (los Nashes) que necesitaban desesperadamente células del tallo para una niña enferma (Molly). En el artículo, titulado “Designer Baby” (“Bebé de Diseño”), el autor trataba de cómo esta pareja decidió crear, por fertilización in vitro, un hermano genéticamente ajustado para obtener células del tallo (de la sangre del cordón umbilical) para ser usadas en el tratamiento de Molly, quien estaba sufriendo de una terrible enfermedad que finalmente sería fatal. El autor reconoció que la decisión de los padres “provocaba preguntas inevitables acerca de las implicaciones éticas de los padres al escoger las características de sus descendientes como si estas fueran opciones en un vehículo” (Park, 2000, 156[16]:102). ¿Qué es lo de las células del tallo que cautiva tanto a los científicos con las posibilidades que ven en el horizonte de tratar (o prevenir) toda clase de enfermedades?

LAS CÉLULAS DEL TALLO—LAS “SEMILLAS MÁGICAS” DEL CUERPO

Las células del tallo son la “cuenta en blanco” del cuerpo—algunas veces referidas como las “semillas mágicas”. Como tales, éstas tienen la habilidad de dividirse por largos periodos durante el cultivo en el laboratorio para producir más células del tallo, osell dar origen, bajo condiciones especificas, a una verdadera plétora de otras células. Se sabe que las células del tallo existen en tres variedades. Las células del tallo totipotentes poseen una capacidad ilimitada para especializarse en cualquier tipo de célula necesaria—membranas y tejidos extraembrionarios, órganos y tejidos post-embrionarios, etc. [El mismo embrión es totipotente]. Las células del tallo pluripotentes son capaces de dar origen a la mayoría, aunque no todos, los tejidos encontrados dentro de un organismo (tales como el tejido del corazón o el cerebro); generalmente, su potencial para el desarrollo futuro no ha sido todavía “encerrado”. Las células del tallo multipotentes están comprometidas a dar origen a las células que tienen una función particular. Por ejemplo, las células del tallo de la sangre dan origen solamente a glóbulos rojos, glóbulos blancos, y plaquetas. Las células del tallo de la piel dan origen solamente a los diferentes tipos de células de la piel (epitelial, queratinocitos, melanocitos, etc.). Las células del tallo generalmente son obtenidas de cuatro fuentes principales: (1) la sangre del cordón umbilical de la placenta de un recién nacido; (2) el tuétano del adulto y/o demás tejidos; (3) los fetos abortados; y (4) los embriones “descartados” que no son más “necesitados”—y por ende serán abandonados—después de los procedimientos de la fertilización in vitro (FIV).

¿Existen beneficios potenciales del uso de las células del tallo? Sí, existen. Los grupos pro-vida no tienen ningún problema en absoluto con los científicos que recogen células del tallo para el uso en procedimientos proyectados a curar ciertas enfermedades (tales como Parkinson, diabetes, etc.) cuando esas células del tallo se derivan de la sangre del cordón umbilical de un recién nacido, el tuétano de un adulto y/o los tejidos de un adulto. El recoger tales células no mata a un ser humano ya-vivo. No obstante, es mucho más difícil producir grandes cantidades de células del tallo genéticamente variables usando células del cordón umbilical. La mayoría de científicos implicados en la investigación de la célula del tallo prefieren usar las células derivadas de las etapas (embrionarias) más tempranas posibles de desarrollo, en vez que de la sangre del cordón umbilical del recién nacido o de los tejidos que se han derivado de los adultos. Por ende, el uso de células del tallo de fetos abortados, y embriones descartados que son considerados las “sobras” de los procedimientos de la FIV [fertilización in vitroMP], ha sido visto como prácticamente una necesidad, ya que aquellas dos fuentes garantizan grandes cantidades de células indiferenciadas.

Pero esta “necesidad práctica” se ha desarrollado en un asunto de controversia considerable. Los partidarios pro-vida se oponen (¡y correctamente!) a cualquier procedimiento que resulte en la muerte (como abortar a un feto) o destrucción (como diseccionar un embrión de FIV) de un ser humano—sin consideración al bien potencial que pueda resultar del poder usar las células cosechadas para tales propósitos nobles como el alivio del sufrimiento o la extensión de la vida. El argumento expuesto por aquellos que apoyan la investigación de la célula madre embrionaria es que esos fetos están siendo abortados por miles cada día en América (¡por cálculo conservador, algo más de 4,000/día!). Y los “restos” de embriones de FIV están llegando a ser disponibles en números similares. Por ende, ¿por qué no hacer “buen uso” de estos fetos abortados antes que estos alcancen el vertedero? ¿Por qué no “recuperar” esos embriones extra, no queridos y prontos a ser desechados producidos por clínicas de FIV que son almacenados bajo nitrógeno líquido pero que nunca serán usados? Después de todo, esto representa una fuente invaluable de vastos números de células del tallo ya-hechos que de otra manera serían destruidos. Y así continúa el argumento. Como Christopher Reeve (protagonista de las películas de Superman) comentó, que en su punto de vista sería no-ético dejar que embriones perfectamente buenos “sean arrojados como tanta basura cuando estos podrían ayudar a salvar miles de vidas” (como citado en Chapman, 2001).

LAS CÉLULAS DEL TALLO Y EL VALOR DE LA VIDA HUMANA

Numerosos científicos hoy en día viven por el dictamen conocido como el “imperativo tecnológico”—todo lo que pueda ser hecho, será hecho. No obstante, ellos han fallado en darse cuenta, que ¡el fin no siempre justifica los medios! Nosotros podemos recuperar células del tallo de fetos abortados. Y podemos seleccionar células del tallo de embriones desechados de la FIV. Pero ese no es el punto. El punto es éste: ¿Es correcto abortar fetos en primer lugar? ¿Es correcto crear, por fertilización in vitro, cientos de embriones “extra” que nunca permitiremos que crezcan para hacerse humanos hechos y derechos? John Cloud resumió el punto muy bien cuando escribió en su artículo de julio 23 del 2001 en Time:

Las células del tallo de embriones humanos pudieran guiar a curas para algunas de las enfermedades más devastadoras de la humanidad—pero para conseguir el pequeño nódulo de tejido mágico, nosotros tenemos que destruir los embriones, que de otra manera pueden un día llegar a ser bebés (158[3]:22).

En efecto, aquellos fetos abortados y embriones desechados “pueden de otra manera llegar a ser bebés”. ¡La vida humana está en juego!

Las células embrionarias del tallo no son solo “potencialmente” humanas; ¡éstas son humanas! ¿Cuándo comienza realmente la vida? La respuesta es, muy simplemente, que ésta comienza en la concepción. Cuando los gametos masculinos y femeninos se unen para formar el zigoto que finalmente crecerá hasta ser un feto, es en ese mismo momento que la formación de un nuevo cuerpo comienza. Éste es el resultado de un gameto masculino viable reunido sexualmente con un gameto femenino viable, lo cual ha resultado en la formación de un zigoto que se moverá a través de una variedad de etapas importantes. Como un biólogo (y autor de un libro de texto de biología extensamente usado en la universidad secular) anotó:

Tan pronto como el óvulo es tocado por la cabeza de un esperma, experimenta movimientos punzantes violentos que une los veintitrés cromosomas del esperma con su complemento genético propio. De esta célula única, de aproximadamente 1/175 de una pulgada de diámetro, un bebé que pesa varias libras y compuesto de trillones de células nacerá alrededor de 266 días después (Wallace, 1975, p. 194, énfasis añadido).

¿Está esto vivo? Por supuesto que esto está vivo. De hecho, aquí yace uno de los disparates más ilógicos de los argumentos expuestos por aquellos que sostienen y defienden el aborto. Ellos opinan que la “cosa” en la matriz humana no está “viva”. Si no está viva, ¿por qué necesitamos abortarla? ¡Simplemente déjela en paz! Desde luego, obviamente desde su perspectiva esa no es una opción ya que, como todos sabemos, en nueve meses ese feto creciente, vibrante y que se desarrolla se convertirá en un bebé humano vivo. La verdad es que la vida humana comienza a la concepción y es continua, sea intrauterina o extrauterina, hasta la muerte. Considere los siguientes factores científicos concernientes a la naturaleza viviente del feto que posee estas “semillas mágicas”.

  1. El corazón del bebé comienza a latir a los 18-25 días después de la concepción.
  2. Por la edad de dos meses, el corazón late tan fuertemente que un doctor realmente puede oírlo con un estetoscopio Doppler.
  3. Por el mismo tiempo, la actividad del cerebro puede ser grabada por el uso de un electroencefalograma. Las ondas cerebrales son fácilmente aparentes.
  4. Para la edad de dos meses, todo está “en su lugar”—pies, manos, cabeza, órganos, etc. En un análisis detallado, las huellas dactilares son evidentes. Aunque de menos de una pulgada de largo, el embrión tiene una cabeza con ojos y oídos, un sistema digestivo simple, riñones, hígado, un corazón que late, una corriente sanguínea propia, y el principio de un cerebro.
  5. El niño no nacido tiene hipo, se chupa el dedo pulgar, se despierta, y duerme.
  6. El niño no nacido responde al tacto, dolor, frío, ruido, y a la luz.

¿Está el niño vivo? ¿Conoce a alguna criatura muerta que realice tales logros maravillosos?

Pero ¿es el feto que crece en el útero realmente humano? Éste es el resultado de la unión del gameto masculino humano (espermatozoide) y el gameto femenino humano (óvulo)—algo que ciertamente garantiza su humanidad. [El correo de Washington de mayo 11 de 1975 contenía una “Carta Abierta a la Corte Suprema”—firmada por 209 médicos—los cuales declararon: “Nosotros como médicos reafirmamos nuestra dedicación al esplendor único de la vida humana—desde el infante de una célula hasta el mayor de canas”.] Y ¿cómo, exactamente, Dios ve a este niño no nacido aunque completamente humano? Él dijo al profeta Jeremías: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” (Jeremías 1:5, énfasis añadido). Jehová conoció al profeta—aun cuando él estaba en el útero—y lo vio como una persona viviente. Además, Dios ya había “santificado” a Jeremías. Si su madre hubiera abortado al bebé, ella hubiera matado a alguien que Dios mismo reconocía como una persona viviente.

El mismo concepto se aplica al profeta Isaías quien dijo: “Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria... Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo” (Isaías 49:1,5, énfasis añadido). Jehová no solo vio a Isaías como una persona anterior a su nacimiento, sino aun lo llamó por su nombre. Escribiendo en Salmos 139:13-16, David proveyó uno de los tratados más claros y más convincentes sobre la naturaleza e importancia de la vida en el útero cuando escribió:

Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.

Las frases, “fui formado en lo oculto” y “entretejido en lo más profundo de la tierra”, hacen referencia al desarrollo del salmista en la matriz (vea Young 1965, p. 76). Note también que el salmista usa los pronombres “me”, “mi”, y “yo” a través del pasaje en referencia a su propio estado prenatal. Tal uso demuestra que David se estaba refiriendo a sí mismo, y uno no puede hablar de sí mismo sin hacer referencia a un ser humano viviente. Por ende, la Biblia reconoce que David fue un ser viviente mientras que habitaba en la matriz de su madre (y antes de su nacimiento).

Job, quien estaba pasando una terrible crisis de vida, maldijo el día que nació cuando dijo: “¿Por qué no morí yo en la matriz, o espiré al salir del vientre?” (3:11). Es claro que si el feto hubiera muerto en la matriz, antes de esto debe haber estado viviendo. Algo (o alguien) no puede morir si esto (o él) nunca vivió. Es también de interés observar que en Job 3:13-16, el patriarca listó varias personas anteriormente-vivas-pero-ahora-muertas con quienes él hubiera tenido algo en común si hubiera muerto en el útero. Incluidos en la lista—junto con reyes y príncipes—estaba el niño quien experimentó un escondimiento “como abortivo” (i.e., aborto espontáneo). Job consideró al niño abortado como en la misma categoría que otros que una vez vivieron pero que habían muerto. Obviamente, el Espíritu Santo (Quien guió al autor del libro de Job en lo que escribió) consideró a un feto no nacido como tan humano que a un rey, un príncipe, o un infante mortinato.

En el Antiguo Testamento, incluso la terminación accidental de un embarazo era un crimen punible. Considere Éxodo 21:22,23:

Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer... Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida.

El significado del pasaje es el siguiente: Si el niño naciere prematuramente como resultado de este accidente, pero “sin haber muerte” (i.e., el niño sobrevive), entonces un castigo sería justo; sin embargo, si “hubiere muerte” (i.e., la madre o el niño muere), entonces la parte culpable debería ser condenada a muerte. Mírelo de esta manera. ¿Por qué Dios exigiría tal castigo severo por la muerte accidental de un niño no nacido—si el niño no estuviera vivo? El hecho de que el zigoto/embrión/feto está vivo (una conclusión ineludible sostenida por la evidencia científica y bíblica pesada) llega a ser crucialmente importante para responder a la pregunta, “¿Cuándo recibe el hombre su naturaleza inmortal?”. Cuando Santiago observó que “el cuerpo sin espíritu está muerto” (2:26), el corolario automáticamente inherente en su enunciado llega a ser el hecho de que si el cuerpo está vivo, entonces, el espíritu debe estar presente. Ya que a cada etapa de su desarrollo el zigoto/embrión/feto está vivo, éste debe haber tenido un alma/espíritu infundido en la concepción. Sin la presencia del espíritu, el cuerpo físico no puede vivir. Ningún otro punto de vista está en concordancia con la evidencia tanto bíblica como científica.

Existe un punto adicional que necesita ser enfatizado. En Génesis 9:6, Dios declaró: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre” (énfasis añadido). De acuerdo con este pasaje, el hombre lleva la imagen de Dios. Como Anthony Hoekema observó: “En Génesis 9:6 el homicidio es prohibido porque el hombre fue hecho a la imagen de Dios” (1986, p. 17). Dios condenó el homicidio de un ser humano por otro porque ¡cada persona viva ha sido hecha a su imagen! Eso se aplica al embrión tanto como se aplica al “mayor de canas”.

INVESTIGACIÓN DE LA CÉLULA DEL TALLO Y LA ÉTICA MÉDICA

La ética médica básica requiere que cualquier experimento en humanos sea para el beneficio del sujeto. Nunca es para el beneficio del embrión el ser desgarrado como es “extraído” por su riqueza de células del tallo. ¡Tampoco es para su provecho el ser expulsado por el desagüe y ser ahogado en las tempranas horas de su vida! ¿Son estos pequeños embriones humanos? Si uno de estos estuviera viajando por la trompa de Falopio de una mujer o estuviera implantado en su útero en vez de flotar en una caja de cultivo, sería considerado incuestionablemente humano. Aunque de alguna manera, ya que esto ahora puede ser manipulado fuera del útero, ¿quiere decir que su “humanidad” cesa? ¿Con qué clase de lógica incongruente llegamos a tal conclusión? El eticista Allen Verhey ha comentado:

Incluso si alguien no consideraría que la historia de un ser humano comience con la concepción, el respeto por la vida humana es sin embargo violado aquí...porque aquí la vida humana es creada para ser destruida. Aquí el procedimiento demanda desde el mismo comienzo la intención de matar a aquellos fertilizados intencionalmente pero no escogidos (1978, p. 16).

El enunciado del Dr. Verhey fue hecho en 1978 concerniente a las técnicas estrictas de la fertilización in vitro. Ahora, más de dos décadas después, esto ha tomado un significado completamente nuevo. ¿Por qué? En la edición de julio del 2001 de Fertility and Sterility, los investigadores del Instituto Howard y Georgeanna Jones por la Medicina Reproductiva en Norfolk, Virginia, anunciaron que habían pagado a mujeres voluntarias desde $1,200 a $2,000 cada una para donar sus óvulos, los cuales luego fueron fertilizados con células de esperma de donantes para producir embriones vivos. De los 162 óvulos recolectados e inseminados por esperma de donantes, 50 embriones fueron exitosamente creados. Los investigadores destruyeron 40 de estos para obtener las células del tallo que residían dentro. Hasta ahora, los científicos habían derivado células del tallo principalmente de embriones sobrantes donados de los tratamientos de infertilidad. No obstante, en este caso, los científicos buscaron donantes y les informaron que sus óvulos y esperma serían usados para desarrollar embriones que luego serían destruidos para cosechar sus células del tallo (vea “Virginia Lab Harvests Stem Cells Created for Research,” 2001).

Cuando el Dr. Verhey sugirió—tan temprano como en 1978—que “aquí el procedimiento demanda desde el mismo principio la intención de matar a aquellos fertilizados intencionalmente pero no escogidos”, él probablemente no tenía idea cuán profético sería su enunciado concerniente a los eventos que ocurren más de veinte años después. Ahora, con los nuevos esfuerzos del Instituto Jones, la creación de embriones no tiene nada que ver en absoluto con la producción de la vida, sino en cambio con la destrucción de la vida. Ahora, ¡hemos llegado al punto en la ciencia donde estamos creando vida con el único propósito de destruirla!

Existe un segundo principio médico igualmente importante implicado en el uso potencial de células humanas del tallo. En cualquier experimento realizado en humanos, no solamente debe ser el experimento para el beneficio del sujeto, sino que el sujeto debe saber los riesgos de antemano y debe poder dar “consentimiento notificado”. Sin embargo, en el caso de las células embrionarias del tallo, el embrión diminuto no puede proveer consentimiento notificado. A cada paso, el problema de la ética de la investigación de la célula madre embrionaria permanece vivo. Como Pierre Baldi correctamente observó: “...nosotros debemos ser extremadamente cuidadosos y proceder muy lentamente con la biotecnología, ya que debemos preservar nuestra noción de humanidad y de quienes somos” (2001, p. 136). Interesantemente, el Presidente Bush repitió la misma frase—“proceder muy lentamente”—en su discurso de agosto 9 del 2001 a la gente americana sobre la clonación humana y la investigación de la célula del tallo cuando dijo que después de muchos meses de deliberación, él decidió que “debemos proceder con gran cuidado” (Bush, 2001).

CONCLUSIÓN

Mientras cada día trae nuevos descubrimientos científicos, nosotros debemos procurar examinarlos a la luz de la Palabra de Dios. Ciertamente el hijo de Dios fiel puede apoyar la mayoría de avances científicos que eliminan o curan la enfermedad, alivian el sufrimiento, y hacen la vida mejor. Los cristianos pueden apoyar la investigación de la célula del tallo que utiliza células del tallo de adultos o células del tallo obtenidas de la sangre del cordón umbilical de recién nacidos, ambos de los cuales ya han mostrado promesa grande. Pero la Palabra de Dios—no la opinión humana—debe permanecer como el criterio por el cual todo avance debe ser medido. ¿Deberíamos, como un bioeticista preguntó, “dejarlo para que así el desecho de los embriones crecidos en el laboratorio sea un asunto solamente entre el doctor y su fontanero?”. El inocente no nacido nunca ha estado en mayor necesidad de cristianos dedicados, y fieles que aman, admiran, y respetan la Palabra de Dios, y quienes están dispuestos a ponerse en pie con el libro sagrado a la mano para decir a los líderes de nuestra tierra: ¡Suficiente es suficiente!

REFERENCIAS

Baldi, Pierre (2001), The Shattered Self: The End of Natural Evolution (Cambridge, MA: MIT Press).

Bush, George W. (2001), “Remarks by the President on Stem-Cell Research,” [En-línea], URL: http://www.whitehouse.gov/news/releases/2001/08/20010809-2.html.

Chapman, Steve (2001), “The Benefits of Stem Cell Research—and the Cost,” [En-línea], URL: http://chicagotribune.com/news/columnists/chapman/.

Cloud, John (2001), “Bush’s No-Win Choice,” Time, 158[3]:22-26, July 23.

Hoekema, Anthony A (1986), Created in God’s Image (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Park, Alice (2000), “Designer Baby,” Time, 156[16]:102, October 16.

Verhey, Allen (1978), “Test Tube Babies: Two Responses,” The Reformed Journal, September.

“Virginia Lab Harvests Stem Cells Created for Research,” (2001), [En-línea], URL: http://www.cnn.com/2001/HEALTH/07/11/stem.cells.research.ap/index.html.

Wallace, Robert A. (1975), Biology: The World of Life (Pacific Palisades, CA: Goodyear).

Young, Edward J. (1965), Psalm 139 (London: The Banner of Truth Trust).



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