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Apologetics Press :: Ciencia y la Biblia

Las Limitaciones de la Ciencia y sus Métodos
por Bert Thompson, Ph.D.
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INTRODUCCIÓN

En su libro, The Dance of Life (El Baile de la Vida), el escritor Havelock Ellis (1859-1939) comentó que si en un punto en el curso de la civilización encontramos que la ciencia y la religión son antagónicas, entonces debe existir algo equivocado con nuestra ciencia o con nuestra religión. Desde luego, existen aquellos que han sugerido, con toda seriedad, que la ciencia y la religión son antagónicas. Por ejemplo, Marshall Walker, en su libro, The Nature of Scientific Thought (La Naturaleza del Pensamiento Científico), escribió:

Las diversas iglesias cristianas del mundo tienen en común una teología sobrenatural que muchos científicos pueden llegar a aceptar. La actitud del científico hacía la autoridad es a menudo mal entendida, y llega a ser una fuente de confusión para comunicarse con aquellos de otras disciplinas. El científico no reconoce ninguna autoridad excepto una observación empírica de la naturaleza. Los científicos insisten en que los estudiantes trabajen en el laboratorio para enseñarles esta actitud hacia la autoridad. Raras veces el estudiante verifica alguna ley muy exactamente y nunca verifica todas las leyes, pero llega a estar convencido de que la observación empírica es el tribunal final de apelación que puede ser invocado si es necesario para cualquier declaración o ley de su ciencia. Esta actitud hacia la autoridad previene al científico de aceptar la interpretación científica de experiencias místicas. Él ha sido entrenado para desconfiar de sus propias experiencias y emociones personales. La aceptación fácil de los místicos de una explicación sin posibilidad de validación empírica deja perplejo al científico. Tal aceptación es imposible para él, y él solamente puede concluir que el místico nunca ha encontrado el sentimiento de convicción que el científico encuentra en la validación empírica. El comportamiento racional consiste en ser guiado por las predicciones del modelo (teoría) más exitosamente conocido de la ley natural (1963, pp. 159-160).

Y así, con un trazo del lapicero, todo lo de importancia real ha sido relegado, por definición, al reino de lo empírico. Esto, desde luego, no es ciencia verdadera, en cambio es la filosofía del cientificismo, la cual sostiene que una explicación completa de todos los fenómenos es posible de unos pocos principios naturales básicos.

Tales enunciados son representativos de una cierta clase de parcialidad adherida. Lynn White Jr., escribiendo en la edición principal de Science 80 (Ciencia 80), observó: “No debería ser nuevo que los científicos—incluso algunos grandes—son gente también... La tendencia de todos, incluyendo historiadores y científicos, para operar dentro de una serie de suposiciones heredadas e inadecuadamente probadas es lo más nocivo para el proceso intelectual” (1979, 1[1]:73-74). Cuando ciertos científicos, y aquellos simpatizantes de sus puntos de vista, sugieren que la ciencia sola es el “tribunal final de apelación”, la acusación puede ser calificada, y sustentada, de que ellos han construido su punto de vista del mundo sobre “suposiciones probadas inadecuadamente”. Es la cumbre del fanatismo intelectual el sugerir que la ciencia y la ciencia sola—por la exclusión de todas las otras áreas del pensamiento y esfuerzo humano—de alguna manera posee la autoridad para responder cada pregunta que puede ser planteada. Phillip Abelson, escribiendo en Science (Ciencia), abordó justo tal actitud en un artículo sobre “Bigotry In Science” (“Fanatismo En la Ciencia”).

Una de las características más sorprendentes de los científicos es que algunos de ellos son fanáticos francos y anticuados. Su celo tiene una cualidad fanática y egocéntrica caracterizada por el desdén y la intolerancia de cualquiera o cualquier valor no asociado con un área especial de actividad intelectual (1964, p. 373).

Aquellos que sugieren que el “comportamiento racional” es mejor caracterizado por la exclusión de la religión, y que la ciencia debería servir como la única autoridad en todos los asuntos de la vida, son culpables del fanatismo del cual el Dr. Abelson escribió. Parece que ellos no se dan cuenta que la ciencia—tan grandiosa como es—tiene sus propias limitaciones. El científico honesto admite, franca y cándidamente, las limitaciones inherentes en su método. Los partidarios del cientificismo, por otro lado, sugieren que la ciencia puede proveer las respuestas a cualquier y a todas las preguntas—algo con lo cual la ciencia no está equipada para hacer.

Si aquellos entre nosotros de la comunidad científica harían un mejor trabajo de explicar al público en general cómo la ciencia funciona, y las limitaciones del método científico, el antagonismo entre la ciencia y la religión probablemente se disiparía. Hablando de la reacción resultante de la desilusión pública de la ciencia—como un resultado de la actitud de que la “ciencia puede responder a cualquier cosa”—White, remarcó:

El problema no es ignorancia pública, sino distanciamiento público. Además, la razón principal para el distanciamiento es la renuencia de la mayoría de científicos profesionales para ser tan objetivos acerca de sí mismos, sus valores, sus metas y sus métodos intelectuales como claman ser acerca del interpretar la información específica. Por una variedad de razones—una letanía de quejas tan común que no necesita ser repetida aquí—una parte significante del público en general ha llegado a ser desconfiado de aquellas metas, valores y métodos. Si éstos son validos hoy, éstos necesitan validación nueva y no simplemente re-aseveración. Si son supersticiones, i.e., suposiciones obsoletas, dejadas del pasado reciente de la ciencia, necesitan rechazo o revisión. Y el debate de todo esto debe ser público, sino no conllevará convicción al laicado desilusionado que provee el sustento para la ciencia (1[1]:73).

LIMITACIONES DEL MÉTODO CIENTÍFICO

Ninguno de nosotros duda de los tremendos progresos que la ciencia ha hecho. Ni puede haber duda de los beneficios que se han acumulado para la humanidad como un resultado del esfuerzo científico. Sin embargo, aunque la ciencia es grandiosa, y aunque sus beneficios para la humanidad han sido maravillosos, todavía el método científico está sujeto a ciertas limitaciones. Cinco vienen a la mente fácilmente.

1. El método científico está limitado a lo que puede ser observado con los cinco sentidos.

George Gaylord Simpson, renombrado evolucionista fallecido de Harvard, escribió: “Es inherente en cualquier definición de la ciencia que las declaraciones que no pueden ser chequeadas por la observación no están realmente diciendo algo—o al menos no son ciencia” (1964, 143:769). De hecho, el Diccionario Oxford ha definido a la ciencia como “una rama de estudio que está involucrada con un conjunto relacionado de verdades demostradas o factores observados” (énfasis añadido). Es solamente a través del uso de los cinco sentidos que esta observación ocurre. Como Duane Gish ha anotado: “Por ende, para que una teoría califique como una teoría científica, debe ser sostenida por los eventos, procesos, o propiedades que pueden ser observados” (1973, pp. 2-3). Si algo puede ser visto, oído, palpado, olido, o probado, entonces la ciencia puede tratar con esto. Pero esperar que la ciencia investigue algo en el proverbial “sexto sentido” es demandar demasiado del método científico, y lo expone a acusaciones de abuso o mal uso.

2. El método científico está limitado al presente.

El hecho de que la ciencia está limitada al presente debería ser una verdad axiomática auto-evidente, ya que el presente es el único lugar y tiempo en el cual los cinco sentidos operan. Enno Wolthius comentó sobre este punto cuando escribió:

La ciencia busca explicar el funcionamiento de lo que es, y chequear su explicación por vía de los experimentos. Pero este requisito experimental puede ser reunido solamente en el tiempo presente. El pasado, y específicamente el comienzo de las cosas, yace más allá del dominio de este método, y así la ciencia puede solamente especular acerca del origen e historia del mundo (1963, p. 50).

Requerir que la ciencia haga enunciados factuales acerca de la pre-historia es prostituir el método. Ya que la ciencia está basada en la observación, debe limitar su alcance a la historia humana donde las cosas pueden ser observadas y grabadas adecuadamente. Como John Whitcomb y Henry Morris sugirieron: “Ya que la geología histórica, a diferencia de otras ciencias, no puede tratar con eventos observables y reproducibles actualmente, es obviamente imposible alguna vez probar realmente, por el método científico, alguna hipótesis relacionada a la historia pre-humana” (1961, p. 213).

En años recientes, ha existido desacuerdo considerable entre los creacionistas y evolucionistas sobre si la ciencia debería o no estar limitada al presente. Los evolucionistas han insistido en usar la ciencia en un intento por estudiar varios aspectos de su teoría (e.g., el Big Bang, el origen del Sistema Solar, etc.) que ellos abiertamente admiten que pertenecen a la “pre-historia”. Los creacionistas han respondido sugiriendo que tales eventos no son observables, y por ende no están totalmente dentro del dominio de la ciencia. Sin embargo, existen ciertas cosas acerca de la evolución como de la creación que pueden ser probadas. Para distinguir las cosas dentro de cada modelo que pueden ser probadas de aquellas que no pueden serlo, algunos autores han sugerido que la ciencia misma debería ser dividida en dos categorías. Por ejemplo, Thaxton, Bradley, y Olsen, en The Mystery of Life’s Origin (El Misterio del Origen de la Vida), recomendaron separar la ciencia operacional de la ciencia de los orígenes (1984). Otros (e.g., Geisler y Anderson, 1987) han convenido con esto.

La ciencia operacional trata con eventos regulares y recurrentes en la naturaleza que requieren causas naturales (eclipses, volcanes, reproducción, etc.), mientras que la ciencia de los orígenes trata con singularidades que pueden o no requerir una causa natural (el Big Bang, la creación, etc.). El término “ciencia de los orígenes” puede ser nuevo, pero opera por los principios normales de la causalidad y la uniformidad. El principio de causalidad dice que todo efecto material debe tener una causa anterior, necesaria y adecuada. El principio de uniformidad (o analogía) declara que los efectos similares tienen causas similares. En otras palabras, las clases de causas que observamos produciendo efectos hoy pueden ser confiadas como habiendo producido efectos similares en el pasado. Lo que vemos como una causa adecuada en el presente, asumimos que haya sido una causa adecuada en el pasado; lo que vemos como una causa inadecuada en el presente, asumimos que haya sido una causa inadecuada en el pasado.

Ninguno de nosotros niega que la creación ocurriera en el pasado distante como resultado de eventos que ahora son incapaces de ser estudiados experimentalmente en el laboratorio. Pero las mismas limitaciones son inherentes en los panoramas evolutivos. Cualquiera que está familiarizado con los trabajos de evolucionistas como Robert Jastrow y Fred Hoyle está consciente del factor de que esos científicos, y otros como ellos, han señalado que el origen del Universo, y de la vida misma, ocurrieron en el pasado distante bajo condiciones no necesariamente reproducibles experimentalmente y por ende incapaces de ser estudiados en una manera estrictamente científica. Los evolucionistas Paul Ehrlich y L.C. Birch han abordado estos puntos.

Nuestra teoría de la evolución ha llegado a ser...una que no puede ser refutada por ninguna observación posible. Toda observación concebible puede ser entallada en ésta. Por ende es “ciencia empírica exterior” pero no necesariamente falsa. Nadie puede pensar acerca de maneras en la cual probarla. Ideas, sin bases o basadas sobre unos pocos experimentos de laboratorio realizados en sistemas extremadamente simplificados, han logrado aceptación más allá de su validez. Estos han llegado a ser parte de un dogma evolutivo aceptado por la mayoría de nosotros como parte de nuestra instrucción (1967,214:349).

Por ende, incluso los defensores de la teoría evolutiva han admitido que su teoría es “ciencia empírica externa”. Desde luego, los evolucionistas han respondido sugiriendo que “la creación está basada sobre procesos sobrenaturales en el pasado”, y por tanto no es científica. Sin embargo, los principios “sobrenaturales” de la creación no están menos disponibles para el examen científico de lo que están los principios “prehistóricos” (aunque presuntamente naturales) de la evolución. Para el observador imparcial, eso pareciera poner a la creación y a la evolución en igual nivel, científicamente hablando.

3. El método científico está limitado a decirnos “cómo” un proceso funciona, no “por qué”.

En su libro, Questions of Science and Faith (Preguntas de Ciencia y Fe), J.N. Hawthorne remarcó: “La ciencia nos puede dar el ‘saber-cómo’ pero no nos puede dar el ‘saber-por qué’” (1960, p. 4). J.D. Bales anotó:

El método científico es incapaz de tratar con el reino del propósito. Puede tratar con las relaciones de la causa y el efecto; o como alguno diría, puede tratar con la sucesión de los eventos en el tiempo. No puede tratar con el “por qué” cuando uno usa el término “por qué” con referencia al propósito (1976, p. 37).

La ciencia trata con el mecanismo, no con el propósito. “Por qué”—concerniente al propósito—no es una pregunta con la cual la ciencia esté equipada para responder.

4. El método científico está limitado por el hecho que es amoral (no-moral).

El ganador del premio Nobel Jacques Monod una vez declaró que “la ciencia es ignorante de los valores” (1969, p. 21). No existe nada inherente en el método científico que provea para la definición o estudio de la moralidad. Paul Little, en Know Why You Believe (Conozca Por qué Cree), dio justo en el blanco cuando escribió:

Debería ser reconocido que la ciencia es incapaz de hacer juicios de valor acerca de las cosas que mide. Muchos hombres en las fronteras de la ciencia se están dando cuenta que no existe nada inherente en la ciencia para guiarles a la aplicación de los descubrimientos que hacen. No existe nada en la ciencia misma que determinará si la energía nuclear será usada para destruir el cáncer o destruir ciudades. Es un juicio fuera del método científico el determinarlo (1967, p. 105).

Bales estuvo igualmente en lo correcto en su evaluación que: “el método científico no puede probar que tenemos alguna obligación de aceptar la verdad si la encontramos desagradable, o mostrar por qué no deberíamos aceptar la falsedad si podemos cambiarla para nuestra ventaja” (1976, p. 37). La ciencia simplemente no tiene el mecanismo (por definición de su propio método) para legislar la moral. No se quiere pretender implicar que los científicos trabajan sin moralidad o valores. Simplemente se pretende decir que cualquier moral o valor que poseen no fue derivado del método científico. La ciencia no está equipada para tratar con la moral.

5. El método científico está limitado por el hecho de que no puede tratar con lo único.

El método científico trata rutinariamente con aquellas cosas que son: (a) sin tiempo; (b) universales; (c) fiables; y (d) repetibles. Aquellas cosas que no calzan en estas categorías están fuera del reino de la ciencia. El eminente biólogo Paul Weisz, en su texto, Elements of Biology (Elementos de la Biología), declaró que “los eventos en la tierra de una-sola-vez están fuera de la ciencia” (1965, p. 4). John N. Moore ha observado que “en el corazón del método o métodos científicos está la repetición o reproducibilidad experimental” (1973). Simpson lo declaró en esta manera:

La distinción importante entre la ciencia y aquellas otras sistematizaciones (las artes, filosofía, y la teología) es el hecho que la ciencia es auto-probativa y auto-correctiva. La probación y la corrección son hechas por medio de las observaciones que pueden ser repetidas con esencialmente los mismos resultados por personas normales operando por los mismos métodos y con el mismo enfoque (como citado en Moore, 1973, p. 23).

CONCLUSIÓN

La palabra castellana “ciencia” se deriva del latín scientia, que significa “conocimiento”. Se supone que los científicos están en una investigación de toda la vida por el conocimiento y la verdad, sin tener en cuenta a dónde esa investigación finalmente guíe. La ciencia está basada en la observación de los factores, y es dirigida a encontrar patrones de orden observables en la información. Sugerir que el conocimiento puede ser adquirido únicamente en base del naturalismo, y que la observación empírica es el “tribunal final de apelación”, es errar. Tal actitud ignora otras vías numerosas y significantes del esfuerzo humano, como también las vías adicionales para llegar al conocimiento y a la verdad. También utiliza mal y abusa del método científico que, aunque es grandioso, nunca fue proyectado a ser una panacea.

REFERENCIAS

Abelson, Phillip (1964), “Bigotry in Science,” Science, April 24.

Bales, J.D. (1976), Evolution and the Scientific Method (Searcy, AR: Privately published by author).

Ehrlich, Paul and L.C. Birch (1967), “Evolutionary History and Population Biology,” Nature, 214:349-352, April 22.

Geisler, Norman L. and J. Kerby Anderson (1987), Origin Science (Grand Rapids, MI: Baker).

Gish, Duane T. (1973), Evolution: The Fossils Say No! (San Diego, CA: Creation-Life Publishers).

Hawthorne, J.N. (1960), Questions of Science and Faith (London: Tyndale).

Little, Paul (1967), Know Why You Believe (Wheaton, IL: Victor Books).

Monod, Jacques (1969), From Biology to Ethics (Salk Institute for Biological Studies), October.

Moore, John N. (1973), The American Biology Teacher, pp. 23-26,34, January.

Simpson, George Gaylord (1964), “The Nonprevalence of Humanoids,” Science, 143:769-775, February 21.

Thaxton, Charles, Walter L. Bradley, and Roger L. Olsen (1984), The Mystery of Life’s Origin (New York: Philosophical Library).

Walker, Marshall (1963), The Nature of Scientific Thought (New York: Prentice-Hall).

Weisz, Paul (1965), Elements of Biology (New York: McGraw-Hill).

Whitcomb, John C. and Henry M. Morris (1961), The Genesis Flood (Grand Rapids, MI: Baker).

White, Lynn, Jr. (1979), “The Ecology of Our Science,” Science 80 (premier issue), 1[1]:72-76, November/December.

Wolthius, Enno (1963), Science, God & You (Grand Rapids, MI: Baker).



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