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Apologetics Press :: Ciencia y la Biblia

Una Respuesta Cristiana a la Eutanasia
por Trevor Major, M.Sc., M.A.

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INTRODUCCIÓN

Los avances en la medicina y la tecnología médica en las pocas décadas pasadas han hecho cada vez más posible que la vida sea prolongada. Aquellos pacientes de los cuales una vez se pensó que eran enfermos incurables y fatales, ahora viven más tiempo y vidas más completas que nunca antes. Sin embargo, se ha sugerido que los doctores muy a menudo emplean métodos extraordinarios o heroicos para mantener a un paciente vivo—métodos que pueden ser innecesarios, dada la prognosis del paciente. Para algunas personas, la respuesta es la eutanasia. Deben hacerse leyes, ellos dicen, para proteger el “derecho de una persona a morir”, y para permitir la “muerte misericordiosa”.

Pero ¿qué es la eutanasia? ¿Es ético? Y más importante, ¿se ajusta la práctica a las enseñanzas bíblicas? ¿Cuál debería ser la respuesta cristiana?

DEFINIENDO TÉRMINOS

La eutanasia es un término compuesto derivado del griego eu, que significa “bueno”, y thanatos, que significa “muerte”. Su significado original, como fue aplicado por los griegos antiguos, se refería al “arte o disciplina de morir en paz y dignidad” (Wertham, 1973, p. 28). Durante el siglo diecinueve, a la palabra se le fue dada una connotación diferente, siendo aplicada a la teoría o (más recientemente) a la práctica de causar la muerte sin dolor, particularmente en aquellos que sufren de enfermedades incurables y dolorosas.

La eutanasia alcanzó su forma extrema en la Alemania de 1920. Fue en este año que Karl Binding y Alfred Hoche publicaron un pequeño libro titulado The Release of the Destrucction of Life Devoid of Value (La Permisión de la Destrucción de la Vida Carente de Valor). Los autores propusieron que el matar a “gente sin valor” debería ser legalmente aceptable. Su libro cumplió un rol grande en el programa de eutanasia de la Alemania Nazi—un programa que resultó en la muerte del muy joven, del muy anciano, y del minusválido físicamente y mentalmente (vea Wertham, 1973). Tal matanza motivada clínicamente, socialmente o políticamente es conocida como eutanasia involuntaria, selección de la muerte, o eutanasia directiva.

Muchos esfuerzos hoy en día están dirigidos hacia la legalización de la eutanasia voluntaria. Ésta puede ser llevada a cavo activamente por “el uso intencional de la tecnología médica en tal manera como inducir o aligerar la muerte”, o pasivamente por “el abandono (o privación) del cuidado médico ‘ordinario’, razonable y prudente” (St. Martin, 1975, 27[1]:62). La eutanasia activa voluntaria ha ganado más atención a la luz de la epidemia del SIDA. Los periódicos “gay” llevan anuncios por la Sociedad Hemlock—un grupo pro-eutanasia que publica un libro de hágalo por sí mismo sobre el suicido. El libro incluye tablas sobre cuáles drogas usar, sus marcas, como obtenerlas, y qué se necesita para tener éxito en matarse a sí mismo.

LOS ASUNTOS

La eutanasia es un asunto difícil porque mucha gente tiende a ver una zona gris entre la “muerte con dignidad” y la “muerte misericordiosa”. La mayoría de cristianos probablemente dirían que es errado “eutanasiar” con una Colt. 44 [un revolver de cilindro de seis cámaras—MP], o “sacar a alguien de su miseria” con una sobredosis de morfina, incluso por el requerimiento del que sufre. Ellos considerarían tales atentados de terminar con la vida como homicidio de parte del eutanasista, y auto-homicidio de parte del que es eutanasiado (Romanos 13:9).

Los cristianos a menudo no están tan seguros en otras situaciones. Ellos odian ver el sufrimiento tanto como cualquiera, pero quieren hacer lo que es correcto a los ojos de Dios (1 Juan 3:22). Se espera que este artículo exponga algunos de los asuntos, coloque algunas reglas fundamentales que serán de uso práctico para el cristiano que busca hacer la voluntad de Dios.

Muerte con Dignidad

Los grupos pro-eutanasia aseveran que a muchos pacientes se les está negando una muerte digna. Por ende, ellos sugieren, que se necesita la legislación que permita a los pacientes y doctores más “opciones” en las situaciones de vida-y-muerte. Esta petición de “muerte con dignidad”, y sus implicaciones, no deberían pasar desapercibidas. El profesor James Kurfees comentó:

¿No se requiere de todos nosotros, familia, enfermera y doctor asegurar siempre la gestión más digna de cada caso? Todos nosotros queremos eso. Tales frases y murmullos nublan el tema. Ellos inyectan la noción falsa de que mucha gente no está muriendo con dignidad: que existen aquellos en la profesión médica que no están profundamente conscientes de estos asuntos. Aquellos que usan tales palabras ponen en tela de juicio y levantan un tema falso, por todo deseo de un final digno para la vida. Esta estratagema es calumnia [difamación—TJM] (1988, p. 4).

El punto es, ninguna persona informada está sosteniendo que a la gente se le deba negar una muerte verdaderamente humanitaria.

Tratamiento Extraordinario

Los grupos pro-eutanasia creen que los doctores rutinariamente usan procedimientos médicos extraordinarios—a menudo en contra de la voluntad del paciente y de la familia implicada. En su opinión, esta práctica sirve solamente para prolongar el proceso de la muerte y causa presión emocional y dificultad económica. Entonces surge el debate de qué se quiere decir por tratamiento extraordinario versus ordinario. Normalmente, el tratamiento extraordinario se ha referido a los esfuerzos que no serían de uso para mejorar la prognosis, o que incrementarían la probabilidad de muerte debido a los factores de alto riesgo. Ciertas drogas de cáncer experimental pueden caer en esta categoría. Por lo contrario, el tratamiento ordinario ha significado cuidado de rutina, sin tener en cuenta el acceso a facilidades médicas. La higiene, la nutrición, y el alivio del dolor y de la aflicción física han sido listados en esta categoría. La tendencia actual es ignorar o borrar esta distinción opcional/obligatoria para que así cualquier tratamiento sea contenido o retirado dependiendo si sostiene la vida o no.

No obstante, debería ser entendido que cualquier persona competente (o padre/tutor de un menor o inepto) puede aceptar o rechazar el tratamiento médico. Nadie ha quitado los derechos de un paciente con cáncer de renunciar a la quimioterapia y a los tratamientos de radiación. Igualmente, el doctor asistente no está bajo la obligación de ofrecer tratamiento extraordinario. Sin embargo, como el médico experto en el caso, él o ella harán todo esfuerzo para ofrecer el mejor consejo al paciente y a la familia. La preocupación primaria de la mayoría de los médicos es aplicar todo cuidado razonable para salvar la vida de una persona.

Muerte Cerebral vs. Muerte del Cerebro

En un hospital bien-equipado, toda índole de artefactos y procedimientos están disponibles para sustentar la vida. Esto a menudo significa que igualmente se necesitan artefactos y procedimientos sofisticados para ayudar a los doctores a decidir cuándo ha ocurrido la muerte. Se considera usualmente que la muerte médica y legal ocurre cuando el paciente no muestra señales de vida, cuando no existe evidencia de alguna actividad del cerebro, y cuando no hay esperanza de restaurar tal actividad. En este punto, los doctores pueden remover los ventiladores y otros respaldos de vida. Es importante notar que esta “muerte del cerebro” se aplica al cerebro completo. Esto incluye el cerebro, del cual se piensa que es el responsable de las acciones voluntarias y el pensamiento consciente, y esto incluye el cerebelo y el tronco encefálico, los cuales coordinan los movimientos musculares y controlan las funciones involuntarias del cuerpo.

La muerte del cerebro llega a ser un tema controversial cuando los pacientes con cerebros inactivos continúan viviendo por meses o años. Sea que el respaldo de vida sea necesario o no, algunas personas desean refrenar tales casos de un “estado vegetal persistente” al cambiar la definición legal de la muerte para significar el punto en el cual solamente el cerebro ha cesado de funcionar. Al declarar “muerte cerebral”, los doctores nunca más tienen que esperar hasta que el cerebro completo haya cesado de funcionar. Ellos están libres de retirar la comida, agua, y algún otro cuidado porque el paciente está legalmente muerto. Las cargas económicas, sociales y emocionales reducidas son los beneficios percibidos. La muerte cerebral también reflexiona sobre la donación de órganos. Si la muerte es pronunciada mientras que el cuerpo todavía está vivo, entonces los órganos pueden ser removidos antes que la deterioración haya ocurrido.

La idea de declarar muerte al punto de la inactividad cerebral ha sido criticada por varias razones. En particular, parece no tener en cuenta las situaciones en las cuales los pacientes con cerebros aparentemente inactivos son capaces, con tratamiento, de recuperar su memoria, personalidad, y otros signos de existencia humana consciente. Por ejemplo, un niño con el síndrome de Reye acompañado por coma y función mínima del cerebro puede luego recuperarse con capacidades físicas y mentales normales. También, ha parecido que gente ha muerto al ahogarse en agua casi-congelada, solamente para ser resucitados después de muchos minutos porque el frío severo y repentino suspendió el consumo de oxígeno en las células del cuerpo. Normalmente, los doctores actuarán para salvar la vida de una persona en estas situaciones, pero la clasificación de muerte cerebral remueve algo de esta esperanza.

La Vida: ¿Santidad o Calidad?

Un tema continúa latente en muchas discusiones de la ética médica: la santidad de vida versus la calidad de vida (vea Major, 1989). Los cristianos usualmente toman la primera posición a causa de su creencia en la creación divina de Dios de la vida humana (Génesis 1:26,27). De aquí el razonamiento en Génesis 9:6—“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. La segunda posición toma decisiones basadas sobre una evaluación de la habilidad de una persona para participar en la sociedad y comunicarse con otra gente. Esta es la consideración principal en mucho del diálogo de la pro-eutanasia. Note la observación del orientador sobre el SIDA Marty James acerca de su amigo Keith: “Cuando le fue finalmente dado el diagnóstico terminal, esto llegó a ser para él un asunto de calidad de vida, y para él su muerte fue, de hecho, su cura” (“A ‘Humane and Dignified Death’”, 1988, p. 5). El Sr. James ayudó a Keith a terminar su vida con 30 barbitúricos.

Ciertamente los cristianos no se oponen a una vida con “calidad”, como tampoco se oponen a una muerte “humanitaria” (apropiada). Pero la calidad de vida del cristiano está basada en la santidad de su vida. Para él, una buena vida es una vida dedicada a hacer la voluntad de Dios, tanto que él puede esperar ansioso una existencia perfecta en el cielo (Gálatas 2:20; 1 Corintios 15:53-58). Por tanto, la diferencia entre estas dos perspectivas es que los defensores de la calidad-de-vida creen que la vida humana tiene valor solamente si es buena, mientras que los cristianos creen que una vida humana es buena porque tiene un valor intrínseco notable.

Los grupos pro-eutanasia y los medios de comunicación tienden a enfocar en el derecho del paciente a la auto-determinación. Aunque tales derechos no significan nada sin un reconocimiento de la santidad fundamental de la vida humana. Los cristianos, y muchos en la profesión médica, no quieren hacer todo lo que pueda ser hecho, sino en cambio, todo lo que debería ser hecho. Como fue declarado anteriormente, la intención de la mayoría de doctores es el aplicar todo cuidado razonable para salvar la vida, no encontrar maneras en la cuales terminar la vida.

ESTUDIOS DE CASOS
Karen Ann Quinlan

Varios casos judiciales por las décadas pasadas han tenido un impacto significante en la controversia de la eutanasia, aunque éstas no han resuelto ninguno de los asuntos para la satisfacción de todos. El caso histórico original es el de Karen Ann Quinlan (e.g., vea Horan, 1977). Karen estuvo en un estado comatoso, aparentemente causado por una combinación de alcohol y tranquilizantes. Aunque ella estaba en un coma irreversible y nunca volvería a un “estado cognitivo sapiente”, ella respondía cuando se le pellizcaba y su cerebro estaba todavía activo. Por estas razones, sus doctores decidieron mantenerla en un respirador. Pero el padre de Karen, Joseph Quinlan, quería remover el respirador porque estaba convencido que esto era la única cosa que la mantenía viva. Él demandó al hospital que desconectaran los sistemas de apoyo de vida, y finalmente ganó el caso en la Corte Suprema de New Jersey en 1976. Por consiguiente, “jalar el enchufe” ahora es una parte común del vernáculo.

Poner fin al apoyo de la vida de Karen puede haber sido el caso, pero la santidad de su vida fue el asunto. El estado y los doctores, actuando de acuerdo con la práctica normal, estuvieron cuidando de Karen a pesar de no haber esperanza por una vida “normal” en el futuro. Sin embargo, el Sr. Quinlan actuó para terminar la vida de Karen por la retirada de las medidas sustentadoras de vida. Su decisión fue basada sobre la calidad de vida de su familia, y su percepción de la calidad de vida de Karen. Irónicamente, ella sobreviviría por casi diez años, a pesar de estos esfuerzos. Aunque ella nunca recuperó un “estado cognitivo sapiente”, Karen fue cuidada por una clínica hasta su muerte en 1985.

El caso Quinlan es también significante a causa de los derechos constitucionales en vigor efectivamente impuestos donde la ley común y el sentido común médico se habían aplicado antes. La corte impuso el poder para decretar sobre el conocimiento de la profesión médica, lo cual normalmente ha funcionado al consultar con la familia, y cuanto sea posible, con el paciente. Varias cortes del estado desde allí han decretado sobre la base de los derechos constitucionales en situaciones similares.

Nancy Beth Cruzan

Los casos más controversiales en la década pasada se han centrado en la retirada de comida y agua. Ninguno ha recibido más atención que el caso de Nancy Beth Cruzan. Nancy sufrió de daños múltiples en el cerebro en un accidente de auto en 1983, y fue puesta en un centro de rehabilitación de Missouri para un cuidado a largo plazo. En los años siguientes, la familia pidió que el tubo de alimentación sea retirado, pero la institución y el Departamento de Salud del estado rechazaron acceder. En junio 25 de 1990, la Suprema Corte de los EE.UU. decretó en contra de la familia, y defendió la ley de Missouri que requería evidencia clara y convincente de que un paciente inconsciente hubiera previamente declarado su deseo de no ser mantenido por apoyo de vida. Luego, en diciembre 14, los padres obtuvieron una orden de la corte para retirar el tubo de alimentación. Nancy murió doce días después, a la edad de 33 años.

La mayoría de eticistas se opusieron a la eutanasia igualmente como se oponen a la suspensión del tubo de alimentación. La comida y el agua, sostiene el experto legal Dennis J. Horan, es un medio ordinario de sostener la vida, y como tal no debería ser retirado “meramente porque la prognosis final es inútil” (s.d., p. 10). En un debate ante la legislatura de Florida, el juez David Kopelman, de la Corte del Proceso de la Familia en Dedham, Massachussets, señaló que la muerte por hambre y deshidratación nunca pudiera ser considerada una “muerte buena”. De acuerdo con los Ciudadanos por la Vida de Illinois, los tubos de alimentación no son más tratamiento médico de lo que el hambre y la sed son enfermedades (vea Gow, 1990).

Como siempre, el asunto debería ser considerado en términos de la santidad de vida. Si los nutrientes y fluidos estaban manteniendo a Nancy viva y en una condición estable, pareciera que esta terapia era exitosa y debería haber continuado. Sin embargo, si el tubo de alimentación fuera retirado con la intención de terminar su vida o adelantar su muerte, entonces ¿equivaldría esto a una muerte misericordiosa?

Los cristianos deberían considerar otros ejemplos sobre el fundamento de caso-por-caso. ¿Significa esto que la ética cristiana es situacional? Nada de eso. La consideración de cada caso descansa sobre una fundación bíblica firme. Esto comienza con el respeto por la vida, con amor para el género humano, con la negación de interés-personal, y con la oración de que todo será hecho de acuerdo a la voluntad de Dios (Romanos 8:27).

ALGUNAS PREGUNTAS
Última Voluntad en Vida

Se ha sugerido que los casos difíciles, como aquellos de Karen y Nancy, pudieran ser evitados si la gente hiciera su “última voluntad en vida”. La idea de una última voluntad en vida es dar a los doctores una indicación del tratamiento deseado por sus pacientes inconscientes. Por ende, si un paciente está en un estado comatoso después de un accidente, y no existe esperanza de recuperación, una voluntad puede decir a los doctores si mantener o retirar cualquier tratamiento que sustente la vida.

Las últimas voluntades en vida parecen ser prácticas, y no existe nada intrínsicamente inmoral sobre aquellos enunciados (mientras que permanezcan en consistencia con la ética de la santidad-de-vida). Otra vez, ninguno está bajo alguna obligación moral o legal de aceptar o rechazar el tratamiento médico, incluso si tales decisiones son hechas a través de la súplica de un documento escrito.

No obstante, las últimas voluntades en vida no carecen de sus problemas. Primero, no se puede esperar de las voluntades en vida el anticipar toda situación. El lenguaje que éstas usan debe ser lo suficientemente general para permitir a los doctores un número de elecciones, aunque lo suficientemente específico para excluir la mala interpretación y el juego sucio. Desafortunadamente, las voluntades en vida comúnmente usan expresiones ambiguas tales como el “tratamiento extraordinario”. Como nosotros ya hemos visto, estas frases significan diferentes cosas para diferente gente. Lo que puede ser un tratamiento extraordinario al firmar la voluntad puede llegar a ser una terapia potencialmente exitosa algún tiempo después. Muchas voluntades incluyen instrucciones que dependen en algunas prognosis de la expectación de vida, incluso cuando tales predicciones son notoriamente inexactas. En efecto, los investigadores de medicina han averiguado que los pacientes con enfermedades terminales a menudo poseen una gran voluntad de sobrevivir por algún evento significativo en sus vidas. Ha sido demostrado que éste es el caso entre los judíos cerca de la Pascua, y entre las mujeres chinas cerca de la Fiesta de la Cosecha de la Luna (vea Phillips y Smith, 1990). Por tanto, las últimas voluntades humanas tienen el potencial de ignorar las complejidades de la ciencia médica, y remover la interacción dinámica entre el doctor, paciente, y la familia.

El segundo problema, y la mayor preocupación para los cristianos, se relaciona a la legalización de la voluntad en vida. Actualmente, tal legalización está limitada en poder y extensión. Sin embargo, las discusiones en varias conferencias sobre la eutanasia a mediados de la década de 1980 hicieron evidente que los actos de voluntad en vida son simplemente el primer punto en la agenda (Hobbs, 1986, pp. 6-9). Una vez que la idea del “derecho de morir” se aceptada, y su significado ampliado, entonces el “derecho de matar” puede ser incorporado dentro de las voluntades en vida. Algunos ven la eutanasia involuntaria, à la Alemania Nazi, como el lugar final de descanso del ímpetu legislativo actual (Kurfees, 1988, p. 8). Las voluntades en vida son bombas potenciales de tiempo para la moral. Idealmente, éstas son consideradas innecesarias por la motivación de las familias cristianas para actuar con intenciones puras de acuerdo a la Palabra de Dios. En cualquier caso, es la responsabilidad de los cristianos tratar sus elecciones específicas para el tratamiento en situaciones dadas con sus doctores, y con la mayoría de familiares posibles.

El Mandamiento Divino Para el Cuidado

Como fue tratado previamente, la fundación para la consideración cristiana de la muerte y la agonía es la santidad de vida. Además, la Biblia tiene algunas directrices definidas que pueden ser aplicadas para el cuidado del anciano y afligido. Considere los siguientes puntos:

  • Santiago 1:27 instruye al cristiano a visitar a los huérfanos y a las viudas, y proveer por sus necesidades. Los justos deben defender la causa del pobre y el oprimido (Isaías 1:11,23). Aquellos que son fuertes deben ayudar a los débiles (Romanos 15:1).
  • Efesios 6:2 manda a toda persona a “Honrar a su padre y a su madre”. Según 1 Timoteo 5:8, el fracaso de cuidar a la familia de uno es una negación de la fe, y hace a alguien “peor que un incrédulo”. Los ancianos deberían ser respetados (Levítico 19:32). El salmista oró, “No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabare, no me desampares” (Salmos 71:9).
  • Job hubiera sido un caso principal para la eutanasia, pero Dios preservó su vida y la bendijo.
  • Los cristianos deberían reconocer que nuestros sufrimientos en este mundo “no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).
CONCLUSIÓN

La eutanasia representa una progresión natural de la legalización de la demanda del aborto. Si alguien puede justificar el quitar la vida del “no-querido” o “sin utilidad” dentro de la matriz, entonces, ¿por qué no quitar la vida del “no-querido” o “sin utilidad” fuera de la matriz? Al dirigirse a un grupo pro-eutanasia, el profesor Matthew Connoly sugirió que existe más que “una elección cruda entre el suicido y el sufrimiento”. Aquí está un resumen de un discurso que él dio en la Conferencia de la Sociedad Hemlock en los Angeles en febrero de 1985.

La experiencia con el cuidado hospitalario en Inglaterra y los EE.UU. ha demostrado repetidamente que en cada caso, el dolor y el sufrimiento pueden ser reducidos fuertemente. En muchos casos pueden ser suprimidos del todo. Este cuidado, que puede (y por razones financieras debe) incluir el cuidado en el hogar, no es fácil. Esto demanda amor infinito y compasión. Esto debe incluir el conocimiento científico más reciente sobre analgésicos, bloqueo nervioso, inyecciones espinales de morfina y así sucesivamente. PERO ¡ESTO PUEDE SER HECHO! ¡PUEDE SER HECHO! ¡PUEDE SER HECHO! (como citado en Hobbs, p. 19, énfasis en original).

REFERENCIAS

Binding, Karl and Alfred Hoche (1920), The Release of the Destruction of Life Devoid of Value (Santa Ana, CA: reprinted by L.I.F.E.).

Gow, Haven Bradford (1990), “Even Brain-Damaged Persons Possess Dignity,” Christian News, p. 4, December 31.

Hobbs, Lottie Beth (1986), “Forsake Me Not When My Strength Fails”What about a Euthanasia? (Fort Worth, TX: Pro-Family Forum).

Horan, Dennis J. (sine data), “Euthanasia and Brain Death: Ethical and Legal Considerations,” Studies in Law and Medicine (Chicago, IL: Americans United for Life), No. 1.

Horan, Dennis J. (1977), “The Quinlan Case,” Death, Dying, and Euthanasia, edited by D.J. Horan & D. Mall (Washington, D.C.: University Publications of America), pp. 523-533.

“A ‘Humane and Dignified Death’” (1988), ABC News Nightline, #1789, March 31, reported by Chris Bury (New York: Journal Graphics).

Kurfees, James F. (1988), “On Living Wills,” Journal of Biblical Ethics in Medicines, 2:4-9,19.

Major, Trevor J. (1989), “Life: Sanctity of Quality”, Journal of Biblical Ethics in Medicine, 3:75-76.

Phillips, David P. and Daniel G. Smith (1990), “Postponement of Death Until Symbolically Meaningful Occasions,” Journal of the American Medical Association, 262:1947-1951.

St. Martin, Martin (1975), “Euthanasia: The Three-in-One Issue,” Bylor Law Review, 27[1]:62.

Wertham, Fredric (1973), The German Euthanasia Program (Cincinnati, OH: Hayes Publishing).



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