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Apologetics Press :: Ciencia y la Biblia

Una Respuesta Cristiana al Racismo
por Trevor Major, M.Sc., M.A., y Richard D. Melson

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INTRODUCCIÓN

El racismo es encontrado en casi toda sociedad multicultural en la Tierra, y no está limitado a blancos-versus-morenos. La hostilidad interracial y la animosidad cruce-cultural persisten a través de la familia humana. Aunque esto no debería ser de esta manera. No existe buena razón para pensar que un grupo es mejor que otro grupo basados en el color de la piel, o la forma del ojo. Tristemente, algunas personas piensan de esta manera, y encontramos que las actitudes acerca de la raza en la iglesia a menudo no son diferentes de las del mundo. Sin embargo, Cristo enseñó que la iglesia debería ser diferente al mundo, como una resplandeciente “ciudad asentada sobre un monte” (Mateo 5:14).

Permítanos definir qué es lo que pretendemos decir por “racismo”. En las mentes de muchas personas, la palabra trae a la memoria las imágenes de hombres encapuchados y cruces en llamas, o soldados con símbolos de gamada que llevan inocentes a una cámara de gas. Verdaderamente, ambos ejemplos representan el odio racial crudo. Pero el racismo puede también ser insidioso en su perspicacia. Éste simplemente puede equivaler a prejuzgar y estereotipar. Un enunciado que comienza, “Yo no soy parcial, pero...”, a menudo termina mostrando que el que habló realmente lo es. El racismo puede tomar dos formas, con gente a veces encubriendo a una, o ambas formas (vea van den Berghe, 1967, pp. 27 et.seq.). (1) El racismo condescendiente es cuando una persona disminuye el estatus de otro grupo. Tal persona puede considerar a la gente de otra raza como simples criaturas como-niños con inteligencia deficiente, morales cuestionables, mentes supersticiosas, y/o hábitos de trabajo ociosos. (2) El racismo competitivo ocurre cuando un grupo teme la competencia con otro grupo (e.g., cuando un nuevo grupo se muda a la comunidad y compite con la población existente por trabajos y vivienda). La diferencia es el punto de partida: el racismo condescendiente comienza con la presunción de que cierta raza es inherentemente inferior; el racismo competitivo comienza con el temor de otra raza.

El racismo está cercanamente relacionado al etnocentrismo—prejuicio basado en las diferencias culturales. Incluso la gente que luce similar puede tener actitudes impropias el uno hacia el otro, a menudo compartiendo una historia larga de conflictos. Los irlandeses e ingleses, y los coreanos y japoneses, son solo dos ejemplos que vienen a la mente. Sea que estemos hablando de racismo o etnocentrismo, la raíz del problema es la incapacidad de la humanidad para entenderse el uno al otro, para vencer el orgullo y la codicia, y actuar de acuerdo a la voluntad de Dios. El propósito de este tratado es por ende doble: (a) responder a las presuntas justificaciones para el prejuicio; y (b) proveer una aproximación bíblica para mejorar las actitudes cristianas hacia diferentes personas.

JUSTIFICACIONES PARA EL RACISMO

Una manera de comenzar a cambiar las actitudes acerca de la raza es examinar las razones detrás de esas actitudes. Invariablemente, cuando una persona considera a un cierto grupo racial en baja estima, ésta siente que sus opiniones son justificadas.

La historia muestra que el racismo ha buscado sostén de dos áreas principales—la ciencia y la religión. Las motivaciones para el racismo y la expresión del racismo pueden ser diversas, pero parece que las justificaciones muy a menudo surgen de dos áreas. En esta sección, a nosotros nos gustaría mostrar cómo la ciencia y la religión han sido usadas y abusadas al promover el racismo.

La Biblia y el Racismo

La Biblia distingue entre dos grupos de gente: el justo y el impío. Por ende, fueron establecidos mandamientos por Dios para mantener la pureza espiritual de Su pueblo. Bajo el antiguo pacto, esto a menudo significaba la separación física. Bajo el nuevo pacto, con su promesa de redención para todas las naciones, se requiere la interacción libre con toda la gente hasta el punto que la pureza espiritual no esté en peligro. En efecto, Cristo murió aproximadamente dos mil años atrás para hacer posible la eliminación de la barrera que separaba al hombre de Dios, y a los gentiles de los judíos. Él hizo esto: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:14).

No obstante, ciertas personas han creado nuevas barreras. En sus mentes, para ser “escogidos por Dios” uno debe ser superior a otra gente físicamente, intelectualmente y espiritualmente. Tal racismo promueve la creencia falsa de que una porción de la humanidad está relegada por el Creador a una inferioridad innata, mientras que otra porción está predestinada a una superioridad innata. Por lo cual, ellos creen que han encontrado pasajes de la Escritura que justifican su opresión y segregación de otros grupos, específicamente de otras razas, a quienes ellos consideran abandonados por Dios (Henriques, 1975, p. 213).

Dos pasajes en Génesis parecen causar los mayores problemas. Primero, algunas personas piensan que la marca de Caín (Génesis 4:11-15) fue la piel oscura, y que esto fue usado por Dios para enseñar segregación de razas. Sin embargo, una lectura cuidadosa del contexto demuestra que la marca no fue una señal de condenación. En cambio, ésta marca estuvo proyectada a prevenir que otros hombres venguen la muerte de Abel, y por ende que fueran más allá del juicio de Dios. No existe evidencia para sugerir que la marca fue la piel oscura.

El segundo y tal vez el pasaje más popular usado para sostener el racismo, es Génesis 9:18-27. Estos versículos contienen una profecía por Noé acerca de sus tres hijos—una profecía incitada por la indecencia de Cam concerniente a la desnudez de su padre. La gente que intenta justificar el racismo de este pasaje argumenta que Cam tenía piel oscura porque su nombre significa “quemado caliente”. Ellos combinan esta información con el enunciado que Canaán (simbolizando a los descendientes de Cam) fue maldito para ser un esclavo (“siervo de siervos”) de sus hermanos, y por ende concluyen que la gente escogida por Dios tiene autoridad de subyugar o esclavizar a los morenos. Esta línea de razonamiento es usada como una justificación parcial para las creencias del apartheid de la Iglesia Reformada Holandesa Sudafricana (Leatt, et.al, 1986, p. 70).

Existen varios problemas con este argumento. Primero, la “maldición” puede expresar la indignación justa de Noé, pero ésta tiene más de profecía que de intento de desear el mal o el agravio sobre su hijo (Leupold, 1942, 1:349). Segundo “Cam” puede significar “caliente” o incluso “alguien de un lugar caliente”, pero no significa “de piel oscura”. Tercero, la frase “siervo de siervos” puede significar “los más humildes de los siervos” o “un siervo de otros que son siervos”, pero esto no puede ser forzado para decir que los descendientes de Cam merecen esclavitud cruel.

Génesis 9:18-27 no es acerca del favoritismo de una raza sobre otra. En cambio, Noé está profetizando acerca del plan de Dios para las muchas partes de la humanidad en Su plan de redención. Dios prometió a todas las personas, naciones y lenguas un reino eterno (Daniel 7:14). Aunque la Biblia distingue entre el justo y el impío, ésta nunca muestra prejuicio en contra de una nación o gente basada en el color de la piel o cualquier otra característica física.

La Ciencia y el Racismo

Las justificaciones religiosas para el racismo han prevalecido a través de los tiempos pero, finalmente, algunos racistas comenzaron su búsqueda por una justificación puramente “científica” para el racismo. Una gran parte de la justificación vino en 1859 a través de la teoría de la evolución de Charles Darwin. Los evolucionistas racistas pudieron ignorar la idea de los orígenes bíblicos, y en su lugar pudieron argumentar que una raza (usualmente la suya propia) era “más evolucionada” que todas las demás.

Hablando acerca del efecto de la selección natural sobre las razas, Darwin sugirió que el éxito de las “naciones civilizadas” (i.e., europeos) en “reemplazar las naciones bárbaras” había sido logrado por las “facultades intelectuales” desarrolladas más grandes del primero que del segundo (1871, p. 497). Algunos de los partidarios de Darwin usaron palabras más fuertes. Thomas H. Huxley declaró: “...ningún hombre racional, consciente de los hechos, cree que el Negro promedio es igual, y mucho menos superior al hombre blanco promedio” (citado por Farb, 1978, p. 282). Ernst Haeckel instó a la gente alemana a buscar la pureza racial al purgar al diferente entre ellos, y aumentar la superioridad de la “raza nórdica” por la competencia violenta con otras naciones. Tales ideas encontraron tierra fértil en la mente de Adolfo Hitler, y fueron abiertamente expresadas en su libro Mein Kampf (Bergman, 1988). Mientras tanto en América, los científicos como Edwin G. Conklin estuvieron haciendo declaraciones tales como esta: “Toda consideración debería guiar a aquellos que creen en la superioridad de la raza blanca a esforzarse en preservar su pureza y establecer y mantener la segregación de las razas, cuanto más esto sea mantenido, mayor será la preponderancia de la raza blanca” (1921, p. 53).

Aunque el racismo científico no es necesariamente un producto de la creencia en la evolución. Louis Agassiz, quien se opuso a la evolución darvinista hasta su muerte en 1873, creyó que toda raza principal había sido creada como una especie separada siendo la raza caucásica tanto separada y superior a las otras razas (Gould, 1980, pp. 169 et.seq). Agassiz entonces empezó a “probar” este “hecho” al señalar presuntas diferencias en el intelecto entre las varias razas.

La contribución principal que la ciencia puede hacer al problema del racismo es mostrar que existen más similitudes que diferencias. Por ejemplo, la diferencia principal entre la piel oscura y blanca es la concentración del pigmento llamado melanina; tanto la gente de piel blanca u oscura tienen esta sustancia, pero la gente de piel oscura tiene más. Tales diferencias no significan nada como para hacer a una raza físicamente superior a otra. Además, no existe evidencia fuerte para mostrar que una raza es típicamente más inteligente a otra.

UNA RESPUESTA BÍBLICA

Nosotros, los autores, estamos convencidos que el Evangelio de Cristo es la única solución al problema del racismo. Para algunas personas, esta sugerencia puede sonar demasiado simplista. Sin embargo, en las enseñanzas de Cristo encontramos “un camino más excelente”, y el camino es el amor ágape (1 Corintios 12:31; 13:1-7). Este es un amor dado libremente, desinteresadamente, y sin consideración a la condición del que es amado. Este es el amor demostrado por Dios al hombre, y el amor que los cristianos aspiran demostrar hacia Dios y hacia otros hombres. El Salvador recordó a los fariseos este gran mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). Sin embargo, los fariseos rechazaron tomar esta ley como valor nominal. Ellos querían escoger a quién debían amar. De aquí la pregunta probadora del doctor de la ley en Lucas 10:29: “¿Y quién es mi prójimo?”. Cristo respondió al contar la parábola de un samaritano que tuvo compasión de un judío golpeado y abandonado al lado del camino (Lucas 10:30-37). La historia muestra el amor que trasciende la hostilidad que existía entre estas dos personas. Para el fariseo entonces, y para nosotros hoy, esto enseña que todos son nuestros prójimos. A los ojos de Dios, todos merecen amor, incluyendo aquellos a quienes se nos ha enseñado a odiar, y aquellos a quienes se les ha enseñado a odiarnos (Mateo 5:44).

Tal vez la mejor analogía bíblica para el conflicto moderno interracial es la disputa entre judíos y gentiles que surgió en la iglesia primitiva. En muchas ocasiones, los apóstoles enfatizaron que no había, ni hay, fundamento escritural para la discriminación entre los cristianos de diferentes antecedentes religiosos o culturales (Hechos 15:9). Pedro, a través de revelación divina, introdujo esta idea a la iglesia, enseñando que Dios no discrimina en contra de judíos o gentiles al hacer la salvación accesible (Hechos 10:34; cf. 1 Pedro 1:17). En efecto, Pablo sintió que él debía el Evangelio a tanto judíos y gentiles “porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:14-16).

Pablo también declaró que, “no hay acepción de personas para con Dios” (Romanos 2:11; Efesios 6:9; Colosenses 3:25). Santiago instó a sus hermanos a cumplir la “ley real” al no demostrar parcialidad (Santiago 2:1,9). Esta “parcialidad” o “acepción de personas” es lo mismo que el prejuicio. Esto significa juzgar a alguien basados en sus circunstancias externas, y no en sus méritos intrínsicos (cf. 1 Samuel 16:7). El amor impide tal parcialidad, y busca prevenir el conflicto de “malos pensamientos” que tal parcialidad traerá (Santiago 2:4). Estos “malos pensamientos” son racionalizaciones maliciosas, y están detrás de los tipos de justificaciones para el racismo tratados anteriormente. Cuando nosotros expresamos aquellos pensamientos al hacer enunciados prejuiciosos en contra de otra gente, les calumniamos y difamamos. Tales habladurías son condenadas (Santiago 4:11,12), y son listadas entre otros pecados tales como la envidia, las contiendas, y la hipocresía (2 Corintios 12:20; 1 Pedro 2:1).

Existen problemas en el mundo, y en nuestras comunidades locales, los cuales no podemos corregir a través de nuestra propia sabiduría (Jeremías 9:23; 10:23). En cambio, debemos mirar el Evangelio de Cristo para remover las barreras hechas por el hombre como el racismo. Por tanto, nuestra prioridad como cristianos es vivir por el Evangelio que enseñamos. Haciéndolo así, nosotros obedeceremos los mandamientos de Dios (Juan 14:15,21), e imitaremos Sus acciones de amor (Efesios 5:1; 2 Pedro 1:7). Si vivimos por el Evangelio, nosotros lo compartiremos con todas las naciones, no solo con aquellos de nuestro mismo color o cultura (Mateo 28:19). Los cristianos no deben negar a nadie el Evangelio; toda persona merece oírlo sin consideración a su condición de vida, raza, nacionalidad, o creencias religiosas actuales. Aquellos que son miembros del cuerpo del Señor deben observar que la Palabra de Dios demanda nuestra relación a las almas alrededor nuestro.

CONCLUSIÓN

La Biblia condena el prejuicio racial como una violación de la ley divina que nos instruye a amar a nuestro prójimo. Detrás de este amor ágape está el amor de Dios por nosotros (1 Juan 4:7,8,21). Este es un amor para ser dado, no solamente a un hermano espiritual o fraternal, sino a toda la hermandad de la humanidad.

Existe una necesidad urgente de dejar a un lado la herencia de odio pasada de generación a generación. Nosotros debemos mirar más allá de la sabiduría humana y esforzarnos para obtener las verdades fundamentales de Dios—aquellas enseñanzas que trascienden el tiempo, las personalidades, los eventos, y las barreras nacionales (1 Pedro 1:25). La verdad fundamental concerniente al hombre es que él es creado a la imagen de Dios (Génesis 1:26). Si los hombres reconocen esta verdad, “ellos deben moverse el uno hacia el otro, no como extraños que no tienen campo para la paz y la armonía sino como hombres quienes, compartiendo una vida común y cercanamente relacionada, encuentran una parte de sí mismos en otro hombre” (Haselden, 1960, p. 166). Esa parte común es la imagen de Dios. Nosotros no debemos contradecir el deseo de Dios para la humanidad al decir “Todos los hombres son creados a Su imagen, pero...”.

REFERENCIAS

Bergman, Jerry (1988), “Evolution and the Development of Nazi Race Policy,” Contrast, 7[6]:1.

Conklin, Edwin G. (1921), The Direction of Human Evolution (New York: Scribner’s).

Darwin, Charles (1871), The Origin of Species & The Descent of Man (New York: Modern Library, reprint).

Farb, Peter (1978), Humankind (Boston: Houghton Mifflin).

Gould, Stephen J. (1980), The Panda’s Thumb (New York: Norton).

Haselden, Kyle (1960), The Racial Problem in Christian Perspective (London: Lutterworth Press, British edition).

Henriques, Fernando (1975), “Contemporary Racial Problems,” Racial Variation in Man, ed. F.J. Ebling. Proceedings of a Symposium of the Royal Geographic Society, London, September 19-20, 1974 (New York: John Wiley).

Leatt, James, Theo Kneifel and Klaus Nürnburger (1986), Contending Ideologies in South Africa (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Leupold, H.C. (1942), Exposition of Genesis (Grand Rapids, MI: Baker)

van den Berghe, Pierre L. (1967), Race and Racism (New York: John Wiley & Sons).



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