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Apologetics Press :: Dardos Bíblicos

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por Eric Lyons, M.Min.
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Casi todos los historiadores de reputación admitirán que un hombre llamado Jesús vivió y murió en la tierra de Palestina alrededor de 2,000 años atrás. Incluso la mayoría de ateos acepta la historicidad de Jesús de Nazaret. Simplemente existe evidencia irrefutable que señala a un hombre llamado Jesús que vivió y murió en el primer siglo. De hecho, simplemente al expresar “primer siglo”, se está describiendo el tiempo basado en el nacimiento de Jesús. Nuestro sistema para determinar la fecha se basa en este hombre llamado Cristo (“a.C.” significa “antes de Cristo” y “d.C.” significa “después de Cristo”). Los judíos, musulmanes e incrédulos (por la mayor parte) aceptan que Jesús fue un ser humano real.

No obstante, aunque la mayoría de gente que conoce algo de historia admite que Jesús fue una persona real, relativamente pocos creen que fue Dios en la carne (como la Biblia enfatiza repetidamente). Ellos pueden decir que fue un buen hombre, o que fue un filósofo notable o un gran maestro de moralidad, pero la mayoría de gente en el mundo no cree que fue (como Pedro declaró casi 2,000 años atrás) “el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

¿Alguna vez ha pensado en lo que la gente realmente está diciendo cuando niega la deidad de Cristo, pero cree que fue un hombre bueno? Ellos están diciendo que Jesús no fue el que reclamó ser—el Hijo de Dios. Están abogando que aunque Jesús aceptó tales reconocimientos de deidad de los hombres (cf. Juan 1:29,41,49; 20:28) y reclamó ser Dios una y otra vez (Marcos 14:62; Juan 9:36-38; 10:30, et.al.), lo que dijo no fue verdadero. Pero ellos todavía sostienen que Cristo fue un “buen hombre”.

De manera realista, solamente existen tres explicaciones en cuanto a la identidad de Cristo: (1) Él fue el hombre más mentiroso, engañador y falso que el mundo jamás haya conocido; (2) fue un lunático que simplemente actuó bajo la ilusión que era Dios; o (3) fue quien reclamó ser—Dios. Hablando lógicamente, no existe otra elección. Raramente alguien que está familiarizado con la vida y enseñanzas de Cristo ha propuesto que Cristo fue un lunático. Ningún lunático pudiera responder preguntas con la sabiduría y autoridad profunda que Jesús mostró (cf. Mateo 7:28-29). ¿Qué persona loca enseñaría que deberíamos hacer por otros lo que quisiéramos que otros hicieran por nosotros? Los locos no enseñan que se debería “dar la otra mejilla”, y luego dan un ejemplo de cómo hacer eso—incluso hasta la muerte. La locura no produce tal genio. Por esta razón, relativamente pocos han sido tan necios como para llamar lunático a Cristo.

Además, ni siquiera los incrédulos más reconocidos han estado dispuestos a describir a Cristo como un loco o charlatán. Henri Rousseau, un incrédulo muy conocido, una vez escribió: “Si la vida y muerte de Sócrates fueron los de un sabio, la vida y muerte de Jesús fueron los de un Dios” (Emile, 1.4). El humanista francés y enemigo acérrimo del cristianismo, Joseph Renan, llamó a Jesús una “persona sublime”, y declaró que en Él “se condensa lo que es bueno y superior en nuestra naturaleza” (Vida de Jesús, capítulos 1,28). Lo cierto es que poca gente durante la historia ha declarado que Cristo fue un mentiroso o lunático.

Pero si Jesús no fue un mentiroso o lunático, entonces lógicamente debe haber sido quien reclamó ser—el Hijo de Dios. No se puede profesar racionalmente que Cristo fue un buen hombre, pero no el Hijo de Dios. Él fue ambos o no fue ninguno. Cristo fue un lunático, mentiroso o el Señor. Haga su elección, pero escoja sabiamente, ya que su destino eterno está en juego.



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